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OPINIÓN

En esta guerra cayó otro amigo

Álvaro Puente 29/7/2020 03:00

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En esta guerra ha caído Oscar Urenda. Para unos, el doctor Oscar Urenda. Para otros, el papá, el amigo, el esposo, el compañero. Para todos, el grande. Porque a las capacidades de inteligencia y de fuerza que le dieron Dios y la vida, él añadió por decisión personal, su honestidad, su coraje, su especial generosidad, su sencillez, su responsabilidad, su sentido del deber, su actitud profunda de servicio. Fue brillante profesional pero, por encima de todo, fue una persona buena, como de pocos se puede decir limpiamente.

Como Oscar han caído incontables compañeros suyos de vocación. Otros no han caído pero han sido golpeados con la misma saña. Otros no han sido tocados todavía, pero ahí están firmes en sus puestos de riesgo y de servicio, a conciencia de que puede tocarles el mismo final. No sabemos sus nombres. No conocemos sus rostros. Es larga la lista de los que han estado y de los que están donde el virus infecta, donde mata. Era el puesto y era la vocación de Oscar. Es el puesto de los que han escogido la profesión de cuidar nuestra salud, y ahora, de estar al lado de los que sufren los duros ataques de la pandemia. Él y los suyos, podían sentir miedo, pero ahí estaban. Temen por sus hijos, por su hogar, por las personas con que conviven pero, a pesar de todos los peligros y temores, están de madrugada en sus hospitales, en sus clínicas, con la gente a la que tienen que servir.

A Oscar y a cada uno de ellos quiero darles un abrazo. Quiero aplaudirlos. Quiero que el mundo agradezca conmigo y premie a ese ejército de enfermeros, de administradores, de técnicos, de médicos que arriesgan a diario la vida por nuestra gente y por nosotros. Cada mañana saben que tienen que ir donde bullen escondidos los virus. Y van, aunque sientan el vértigo de la muerte, aunque aceche el pánico. Ahí están para suavizar la angustia, para arrancar el dolor, para ayudar a respirar, para sembrar esperanzas, para contagiar fuerzas. Como nadie, saben cuánto es el peligro. Como nadie, conocen el color del sufrimiento. Pero ahí están día a día, peligro a peligro, miedo a miedo, compartiendo su calor y su sabiduría.

Policías y soldados, también están en la frontera del riesgo y caen. Cae gente sencilla que no sabe defenderse, o no entiende cómo se disfraza la muerte. Caen empleados y servidores que obedecen confiados. Todos merecen el más cálido abrazo y se lo daremos. Pero hoy quiero el aplauso, el abrazo, el homenaje a Oscar y al inmenso grupo de personas, profesionales y trabajadores que se enfrentan cara a cara con la muerte porque han elegido la profesión de hacernos vivir. Aplaudimos a los que han sido y son nuestros héroes reales. Su grandeza no la opacan cuatro dirigentes sindicales que buscan réditos políticos del peligro. Admiramos y queremos a Oscar y a los que a diario ponen el hombro a nuestro pueblo, al precio de su vida. Admiramos y queremos a ese inmenso equipo humano. Les debemos la esperanza y son nuestro orgullo.

Es verdad que en adelante, la experiencia de esta pandemia cambiará la sociedad y el mundo. No sé cómo, pero sí sé que habremos redescubierto lo efímera que es la vida y habremos aprendido con sangre que la vida de los demás es nuestra responsabilidad.