9 de diciembre de 2023, 7:00 AM
9 de diciembre de 2023, 7:00 AM

A dos años del Bicentenario de Bolivia, es tiempo de revisar y quizás replantear los objetivos de Bolivia. Eso significa que se trace políticas de Estado para dar saltos cualitativos en cuanto a calidad de vida de los habitantes de este país. De 2006 a la fecha, el país vivió un largo periodo de bonanza económica que no se tradujo en mejoras para el total de los ciudadanos; ahora estamos atravesando un tiempo de turbulencia económica que aún no se sabe cuánto tiempo puede durar.

Cumplir 200 años de fundación de Bolivia es un hito simbólico que debe ayudar a reflexionar acerca del país que queremos; de manera que el bienestar y el anhelo de los bolivianos valga más que el interés coyuntural de los gobiernos de turno o las ideologías pasajeras con las que se lleva adelante las riendas del país.

Hace pocos días se descubrió que un ex embajador de EEUU, en realidad era un espía cubano que le dio un espaldarazo a Evo para crecer políticamente. Quien movía los hilos era el poder de la isla caribeña y su entonces gobernante Fidel Castro. De entonces ahora, las políticas nacionales se han trazado más en función de intereses geopolíticos favorables a la corriente internacional del Socialismo del Siglo XXI que de los de la conveniencia del país. 

Quizás por eso se ha entregado obras importantes a los gobiernos de China y de Rusia, aliados de la izquierda latinoamericana, pese a que algunas de las empresas dieron muestras de no ser tan eficientes, como la que construyó la zona de El Sillar en la ruta nueva a Cochabamba. También hay acuerdos políticos con Irán, pese a los cuestionamientos internacionales por las connotaciones de su gobierno.

Sin embargo, en tiempos de crisis es cuando los seres y los países desarrollan estrategias para salir adelante y vencer las adversidades. En el caso de Bolivia, al ingresar al Mercado Común del Sur, el país se impone desafíos importantes de producción y control de calidad para exportar y eso demanda nuevas políticas gubernamentales. Por ejemplo, ¿seguirán las restricciones a las exportaciones de soya y de carne? ¿Se mantendrá el veto a la producción con el uso de biotecnología?

En materia medioambiental es urgente trazar políticas de Estado para impedir que se siga destruyendo los bosques sin que exista un objetivo claro, respecto a la vida de los bolivianos de aquí a 10, 30 ó 50 años. El pragmatismo debe dar lugar a la planificación en función del futuro que se anhela.

Ya pasó el tiempo de los discursos indigenistas y los que hablan de cuidar a la Madre Tierra, porque la realidad los está desechando; en este momento se precisan acciones de desarrollo sostenible que no son evidentes hasta el momento. Siguen las leyes incendiarias, siguen las sanciones simbólicas para los que queman los bosques; las áreas protegidas aún son avasalladas por quienes no valoran los recursos naturales y se dedican al tráfico de tierras, etc.
El mundo avanza a pasos gigantes al igual que el conocimiento, por lo que el presidente debería cumplir la promesa de evaluar la calidad educativa para incorporar reformas y formar de manera más competitiva a los niños y jóvenes bolivianos. 

Ahora que hay nueva canciller, es preciso hacer una reforma de fondo en el servicio diplomático, de manera que las embajadas cumplan coadyuvando a abrir mercados para los productos de exportación, así como dando asistencia a los compatriotas fuera de las fronteras.

Son muchos los objetivos nacionales para mejorar al país; no alcanza con hacer lo posible para que la platita alcance; en realidad, Bolivia debería trabajar en sus propios objetivos para vivir bien.

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