Edición Impresa

En qué clase de país queremos convertirnos

Wilfredo Rojo Parada 4/10/2020 05:00

Escucha esta nota aquí

Bolivia necesita tomar definiciones respecto a la clase de país en que quiere convertirse, lo que implica una toma de decisión de cada uno de sus ciudadanos. A estas alturas en que una inmensa mayoría de la población tiene inmersa su preocupación en su subsistencia vital, cabe la responsabilidad a las clases sociales que han tenido el privilegio de contar con los suficientes recursos y que les da la opción de tener la mente libre como para pensar en los demás, a fin de plantear planes y proyectos a largo plazo que beneficien a la nación.

Bolivia ha tenido 14 años de oscurantismo, que nos llevó a un Socialismo del Siglo 21 con un rotundo fracaso en todos los ámbitos de la sociedad, así como también sucedió en otros países de la región. En ese tiempo se despilfarró el dinero de las arcas nacionales, porque nos pasó lo del ignorante que cuando tuvo dinero no supo cómo bien emplearlo. Mientras tanto, se dilapidaron los recursos del Estado, convirtiéndose la administración de la res-pública en una descarada corrupción, que carcomió las conciencias dando lugar a una suerte de permisividad de parte de la sociedad.

Este 18 de octubre los bolivianos tendremos entre 2 caminos a elegir: Volver a los 14 años, con una ideología socialista donde los gobernantes son los únicos pensantes que decidirán por el sustento mezquino hacia la población, con un mayor beneficio para sus partidarios; o el otro camino, el de la libertad donde la gente tendrá que valerse por sus propios medios, generar recursos con iniciativa y creatividad, con un Gobierno que equilibre las relaciones económico-sociales.

Ese voto va a definir el rumbo del país para lo que resta del siglo XXI, donde los países más adelantados ya no planifican sólo para alimentarse, su prioridad tampoco es la salud -pese al Covid-, sino la robotización, crear superhumanos, que la mente de las personas esté plenamente identificada con la tecnología, crear riqueza en el ciberespacio, en el fondo de los mares, en la guerra de las estrellas, en habitar otros planetas; y si se trata de valor agregado, en optimizar con tecnologías de punta mejores sistemas de comunicación y logística. Mientras que los países en desarrollo seguiremos jugando a ser extractivistas en ese proceso suicida de explotación y eliminación de nuestros recursos naturales y materias primas de la tierra para vender en el mercado mundial, extrayendo fósiles y consumiendo lo que queda de nuestros recursos mineralógicos; o talvez, suponiendo que alguien nos donará capitales para poder desarrollarnos. Debemos tener la conciencia de cómo encarar esas situaciones.

El dilema de lo que queremos ser y dónde queremos estar en el contexto de la región y del mundo, se reduce a un voto, el cual puede tener la capacidad de optar por la democracia y la libertad, proteger y mejorar nuestros recursos humanos y naturales, plantearnos el imperativo de que si nuestros vecinos dan un paso en el crecimiento y desarrollo, Bolivia tendrá que dar 4 pasos, para lo cual será indispensable la seguridad jurídica garantizando la inversión. No hay suficiente capacidad para el endeudamiento, pero sí para atraer inversiones en una Bolivia que aún no ha sido descubierta en su total potencialidad, y lo que tenemos está siendo desperdiciado, como el litio que si bien hace 10 años atrás era oro en polvo, hoy con el grafeno que se extrae del grafito empezará a perder su importancia y valor.

¿En qué lugar del ranking de la región queremos estar en desarrollo humano y productividad? ¿Tenemos futuro como nación? ¿Creemos que Bolivia puede ser una nación floreciente? Deberíamos debatir cómo mejorar la administración política del Estado, y considerar la implementación de autonomías regionales dentro de un sistema de Gobierno semipresidencialista.

Es un momento de reflexión y decisión para los bolivianos, se impone un voto consciente para no desperdiciarlo; y cuestionarnos: ¡en qué clase de país queremos convertirnos!