Opinión

En tiempos de virus: un nuevo canon

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15 de abril de 2020, 3:00 AM
15 de abril de 2020, 3:00 AM

Huascar Azurduy F.

En la naturaleza las interacciones son moneda corriente y de hecho hay un entramado que la evolución ha ido tejiendo en función al azar, la necesidad y el beneficio. Hay interacciones virtuosas en las que quienes interactúan ganan y otras no tanto porque uno de los organismos pierde o… muere. Nuestro cuerpo es un megaecosistema que alberga trillones de microorganismos como bacterias, virus y hongos (microbios, ácaros o garrapatas incluidos…). Bacterias benéficas habitan nuestro sistema digestivo como parte de nuestra evolución y son fundamentales para nuestra supervivencia, pero las hay también aquellas que al ingresar pueden causar daño. Si pensamos en algunos números, mientras dormimos, hay como 48 billones de bacterias y 60 billones de virus, viviendo la mayoría de manera indiferente dentro de nuestro cuerpo. Pero, hay también un minúsculo grupo de virus que merodean por ahí, y que pueden hacerse notar más por el daño que causan, desde resfríos pasajeros hasta la muerte.

Así, como nuestro organismo ha logrado adaptarse a distintos microorganismos con los que convive y hasta se beneficia, otras especies como monos, murciélagos, aves, etc. han logrado lo mismo a lo largo de su evolución. En el mundo de las interacciones, hay cadenas y redes muy complejas que se configuran. Imaginemos algo sencillo: polillas que son comidas por ranas, ranas que son comidas por murciélagos, murciélagos que son comidos por otros murciélagos, murciélagos que por distintas circunstancias pueden tener contacto con humanos. En toda esa cadena de eventos, hay la probabilidad de que virus, bacterias u otros, “salten” de un organismo a otro. Si son virus indiferentes quizás no hay mucho problema, pero si causan algún daño, este puede realizar un viaje altamente peligroso en el que el azar y la oportunidad juegan lo suyo, en otras palabras, hay chance que del bosque saquemos un boleto de lotería con un premio no deseado…

Si al final de todo, el conjunto de circunstancias juega a favor del virus, la cadena de eventos tendrá como resultado un humano infectado por algún virus que durante sus “saltos” de un organismo a otro, pudo haber adquirido mayor letalidad por mutaciones o cambios en su material genético. Los bosques han sido sin duda una fuente de subsistencia en la evolución del hombre, quien a la luz del conocimiento actual debe estar consciente que decisiones equivocadas sobre los sistemas naturales pueden terminar mal. Ejemplos de esta realidad son enfermedades virales como el Ebola, cuya fuente se asigna a murciélagos frugívoros que viven en bosques africanos, el VIH originado en chimpancés del sur de Camerún y el Coronavirus, que es un nuevo caso viral con origen en China y que es un caso en desarrollo… Sin embargo, esta historia no es nueva, desde mucho tiempo atrás es obvio que el hombre debe establecer un nuevo canon en su interacción con los sistemas naturales, esa es una tarea aún pendiente en un escenario en la que la ciencia indica que el colapso de los ecosistemas está a vuelta de la esquina.

La pregunta en todo esto es, si luego de tantas lecciones con una pedagogía cruda y dramática restregada en el rostro de nuestra especie, habremos aprendido algunas formas de convivencia y decisiones inteligentes, en tiempos donde la racionalidad, el conocimiento y la sensatez deberían estar por encima del miedo y la ignorancia. Al fin del día, quizás otro canon individual y colectivo ante la naturaleza no debe ser el miedo, el temor o el pánico, sino simplemente… el respeto.


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