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Encarnar el antievismo desde perfiles diferentes

José Orlando Peralta B 30/9/2020 05:00

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Para la mayoría de los bolivianos, Evo Morales representa un líder autoritario, violador de normas (reglas de juego) y, recientemente, con las denuncias sobre casos de estupro, como un hombre con mínimas bases morales. 

Así, se ha constituido en un animal político resistido que, al igual que su antípoda ideológico, Gonzalo Sánchez de Lozada, no puede cruzar la frontera y volver a Cochabamba. Esa condición lo ubica como blanco perfecto para que sus actuales adversarios (Mesa) y enemigos (Camacho) políticos busquen encarnar el antievismo para sacar réditos electorales.

Todas las agrupaciones partidarias tienen sus respectivos programas de gobierno con planteamientos panegíricos sobre el papá Estado, pero sin plantear un nuevo relato con pretensiones hegemónicas y capacidad de generar otro sentido común: todavía juegan bajo los parámetros discursivos del proceso de cambio, pero sin cambiar nada. No obstante, los candidatos en disputa tienen sus respectivos perfiles políticos que han marcado tendencias. Veamos.

Luis Fernando Camacho produce un discurso donde predominan tres connotaciones: confesional, regional y juvenil. Un marco ideológico (religioso) que tiene una identidad (región) y representa una nueva clase política (limpia, sin corrupción). 

La paradoja es que mientras pretende reflejar sangre nueva en la política, pero negando su condición de animal político, recurre a la veta religiosa para impactar en los creyentes. Es decir, mira al futuro, pero anclado en un factor de poder de la época medieval. No obstante, es una estrategia –con el factor regional- que, por ahora, le está dando resultados. Un hecho que preocupa a intelectuales y militantes de Comunidad Ciudadana.

Carlos Diego Mesa, con su capital cultural de hombre intelectual, quiere posicionar la idea de que es un actor político del centro republicano, donde prevalece la moderación, entendimiento y consenso. Sin embargo, su limitada pasión en los discursos y la ambivalencia en sus decisiones políticas pasadas, lo proyectan, principalmente en Santa Cruz, como un dirigente dubitativo y poco atrevido para los necesarios cambios de orden político y económico en el futuro próximo.

Mientras tanto, Luis Arce, el heredero de Evo, recibe todo tipo de interpelaciones de la mayoría antievista y antimasista acobardada de su proyecto político; sin embargo, aún tiene la ventaja de ser apoyado por una masa de militantes organizados y disciplinados -en los casos de Comunidad Ciudadana y Creemos todavía están en ciernes- y, además, ser un representante original de la idea remozada y popular de que el Estado es el papá con la billetera llena.

Si bien los perfiles de Camacho y Mesa permiten posicionar marcas diferenciadoras para los votantes, ambos estarán en la disputa –en las siguientes dos semanas- de quién mejor encarna el antievismo ante ese subgrupo de ciudadanos indecisos que no quieren a Morales Ayma ni en pintura; quienes tampoco están encantados con sus respectivos perfiles.

Los votantes anti-Evo no necesariamente son antimasistas pero, dadas las circunstancias, están en la misma causa e identifican a ‘Lucho’ Arce en medio de Evo y el MAS, por tanto, el candidato azul representa un pasado autoritario que tiene como trasfondo la imagen del protegido de los Fernández en el sur del continente. Con todo, es muy preocupante y a la vez triste, que en el proceso político-electoral actual predomine en votantes, intelectuales, estrategas y candidatos el sentimiento negativo y descalificación moral por sobre la propuesta proactiva