Opinión

Encrucijada venezolana

El Deber 18/5/2017 04:00

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Un total de 43 personas han muerto en protestas contra el Gobierno del presidente Nicolás Maduro en las últimas seis semanas. La brutal represión de las movilizaciones opositoras y la tozudez para no avanzar en un proceso de diálogo verdadero han terminado de confirmar el sesgo autoritario del mandatario venezolano. No es posible hablar, sin embargo, de que estemos frente a una dictadura, dado que aún no se ha roto el orden constitucional, pese al intento del Ejecutivo en ese sentido. Por eso, el llamado de la oposición y del secretario general de la OEA a las Fuerzas Armadas a intervenir en el conflicto social no parecen oportunas, pues no hacen más que atizar el fuego de un drama político que los propios ciudadanos venezolanos deben resolver. 
No olvidemos los nefastos antecedentes en América Latina de cuando los sectores militares se atribuían la legalidad y la voz del pueblo para atropellar las instituciones democráticas e instaurar gobiernos dictatoriales. Esto no elude el cuestionamiento al Gobierno de Maduro por intentar descabezar la Asamblea Legislativa a través de un fallo de Tribunal Supremo Constitucional que, finalmente, se desechó por su carácter autoritario. También se observa la persecución a periodistas y a la prensa independiente, la represión a los opositores y la concentración de poder sin más objetivo que mantenerse en el mismo el mayor tiempo posible.

Es cierto, Venezuela vive sus peores horas en estos momentos. Represión, protestas, censura, desabastecimiento, inseguridad y violencia conforman el escenario más peligroso para la democracia en la región. De hecho, el Gobierno de Estados Unidos ha alertado que dicho país está al borde de una crisis humanitaria. Sin embargo, deberán ser los propios venezolanos, a través de la movilización social y de la utilización de mecanismos institucionales, los que puedan destrabar el actual callejón en el que se encuentra el país caribeño. Es saludable la participación de los organismos internacionales y entidades regionales para buscar un camino para romper la actual escalada de violencia. De hecho, Brasil anunció la definición de ‘planes de contingencia’ frente a un posible agravamiento de la crisis.

América Latina mira azorada el grado de descomposición de la sociedad y la política venezolanas. La expansión de la pobreza, el desempleo, la recesión económica y la inflación configuran un terreno explosivo que es fértil para la violencia. Ojalá los mismos venezolanos tengan la capacidad para enfrentar los abusos y puedan encontrar una vía para recuperar los espacios democráticos que se han perdido. 

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