Opinión

Entre Arabia Saudita y el litio

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10 de agosto de 2017, 4:00 AM
10 de agosto de 2017, 4:00 AM

Durante su mensaje del 6 de agosto, el presidente Evo Morales aseguró que cuando Bolivia consolide su industria del litio, “mandará en el mundo” como Arabia Saudita con el petróleo. “No estamos lejos de eso” sentenció, al comparar su magnitud hidrocarburífera y nuestras posibilidades con el litio.

Hubo exageración, tal como una década atrás, cuando pronosticó que “en 15 años estaremos como Suiza” y el nivel helvético aún sigue muy lejano. En lo que hace al reino del Golfo, sus diferencias con Bolivia son notables. El programa www.nationmaster.com provee datos comparativos. En uso comercial de energía, Bolivia está en el lugar 85 y saudíes, en el 17. La producción nacional de crudo es de 56.570 barriles día y en Arabia Saudita, 11,7 millones de barriles, 207 veces más y primero en el mundo. En reservas de gas y de petróleo, las diferencias son enormes. En el primer caso, Bolivia ocupa el lugar 39 y Arabia Saudita, el 4. Y con respecto a las reservas de petróleo, las saudíes son 1.277 veces mayores.

Sabemos que el presidente hizo la comparación dado que Bolivia podría ser la Arabia Saudita del litio. Y no es banal la expresión. Bolivia tiene el 43% de reservas de ese mineral liviano tan demandado hoy. Pero aquí también andamos lejos. Tener la mayor reserva no garantiza nada, como tampoco nos ha garantizado nada hasta ahora disponer en el Mutún de la mayor reserva de hierro. Lo no explotado ni  vendido, no vale. Es la dura realidad. 

El  mayor productor de litio es Australia, con 14.300 toneladas; le siguen Chile, con 12.000; Argentina, con 5.700; y en el puesto 7 está Brasil, con solo 200 toneladas. En 2016 Bolivia exportó sus primeras 10 toneladas de carbonato de litio por valor de $us 70.000, cantidad y suma esmirriadas en verdad. 
Si Bolivia no crea incentivos para invertir en el litio, las multinacionales optarán por otros caminos, como ya lo vienen haciendo desde hace tiempo. Cerca de Uyuni -en el interior del llamado Triángulo del litio- hay yacimientos en Chile (Salar de Atacama) y en Argentina (Salar del Hombre Muerto). 

En la zona  yace el 85% de las reservas del planeta. Los dos vecinos generaron buen clima para los inversores, acá hasta ahora sucede lo contrario.

Al igual que el sueño del acero, el del litio puede quedarse ahí, sin llegar a ser real. Hablar es fácil, hacer lo que debe hacerse no tanto. La inversión en Bolivia para el litio bordea $us 900 millones, muy poco. De no haber cambios, Arabia Saudita seguirá lejos, Suiza será inalcanzable y ¡ah! Bolivia seguirá teniendo una gran reserva inexplotada… 

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