Opinión

Entre el drama y el relato

Óscar Ortiz Antelo 22/6/2021 05:00

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Los efectos de la pandemia sobre la vida de las familias bolivianas son trágicos, las personas fallecen por falta de oxígeno, por falta de condiciones para evitar muertes que podrían y deberían haber sido salvadas, si nuestro sistema de salud tuviera mejores condiciones. En lo social son cientos miles los empleos perdidos y los negocios quebrados. Sin embargo, si se ven las noticias pareciera que al gobierno sólo le importa imponer el relato del golpe de estado, el discurso para su tribuna, el llunkerio hacia el jefe. La diferencia es que en esta oportunidad el divorcio entre el discurso y la realidad cuesta, y nos seguirá costando, vidas humanas que seguirán lastimando el sentido de ser de nuestro propio estado que no es capaz de organizarse para enfrentar un desafío sanitario.

Es llamativo que el MAS, que ha ganado las últimas elecciones por entender mejor la pobreza que afecta a la población boliviana, especialmente en el área rural, hoy se sumerja en su propio laberinto, en una discusión que sólo importa a su cúpula partidaria y al círculo rojo, ese pequeño sector de la población compuesto por políticos, periodistas, columnistas, intelectuales y algunos empresarios, frente a una nación que no vislumbra futuro sino mayores divisiones y enfrentamientos.

No soy iluso, obviamente hay razones y cálculos para que dediquen tanto tiempo y energía para llevar a los medios de comunicación a este debate; el intento desesperado de distraer la atención de la opinión pública de los problemas irresueltos de la salud y de la economía, la inercia de una gestión sin luces que cada vez es más criticada por la falta de resultados al interior del propio oficialismo, los problemas pendientes de resolución de una economía que no aguanta seguir con el mismo modelo de los años de la llamada bonanza, las amenazas internas a la gobernabilidad de una gestión conducida por lo que Carlos Valverde ha denominado el triunvirato, recogiendo las declaraciones del vocero presidencial.

Sin embargo, aunque los cálculos políticos expliquen estas poses, actitudes y acciones, no tendrán éxito. La gente seguirá muriendo todavía por falta de atención durante varios meses más, pues mientras no avancemos con mayor rapidez y cobertura en la campaña de la vacunación, aun sufriremos varios rebrotes de contagios, con  las secuelas sobre la salud de una población que no solo pierde a sus seres queridos sino que también sufre las consecuencias de una pandemia que se manifiesta en la salud de cada organismo de una forma diferente. Estas secuelas también demandan atención y tratamiento, y por lo tanto recursos, por lo que retroalimentan el círculo vicioso de precariedad y deterioro en la calidad de vida.

En la economìa, la falta de comunicación entre el gobierno y los empresarios por el veto presidencial a los contactos y la coordinación entre las autoridades estatales y el sector privado es injustificable por más aversión ideológicas que los creyentes del estatismo sienten por el sector privado. La realidad, es que es el ámbito privado donde trabajan la inmensa mayoría de los ciudadanos y es en este sector donde se generan las recaudaciones que, en su mayor parte, sostienen al Estado. Consecuentemente, porqué no trabajar en conjunto para afrontar y superar la mayor crisis sufrida por la humanidad desde las guerras mundiales del siglo XX. Aunque no lo hagan por convicción ni por simpatía con con quienes invierten, producen y emprenden en Bolivia, deberían hacerlo por interés, por instinto de supervivencia.

La realidad se impondrá al relato. Es un tema de tiempo. Los titulares duran pocos días mientras continúa el drama que afecta a las familias. Será responsabilidad de todos quienes de una u otra forma procuramos influir en la opinión pública el no caer en la trampa comunicacional. Mientras unos apuestan a que el show debe continuar, creo que es momento de que la responsabilidad prevalezca, por la gente y por el futuro de la nación.


* Oscar Ortiz Antelo ha sido presidente del Senado y ministro de economía.

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