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Entre la ausencia y la salud del alcalde cruceño

Editorial El Deber 6/3/2020 03:00

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La división de poderes institucionaliza un Estado, una ciudad. Hoy el Ejecutivo municipal, cuyo titular está ausente sin aviso, se mezcla con el Poder Legislativo y a pesar de que las funciones de cada uno están claras, en la práctica no es así.

La ciudad más pujante del país no tiene alcalde desde hace 13 días, más bien se dice de él, que se rompió un hueso, que está internado y que funge desde algún lugar su labor.

El alcalde cruceño cumplió 81 años el 14 de febrero, desde entonces casi no se lo volvió a ver. No usa redes sociales, no da conferencias de prensa, no se deja entrevistar, ni contesta el teléfono.

Aparece sí, en alguna fotografía ocasional o cuando los medios, al calor de los ánimos, hablan de su gestión. Recorrer la ciudad, hablar con los vecinos, resolver problemas, comunicar los planes y manifestar lo que piensa abiertamente en estos tiempos de ventoleras, son algunas de las acciones que le demanda el poder, junto a la toma de decisiones para dirigir la ciudad.

Es la capital más recaudadora del país, la más productiva, la más ancha y abierta de Bolivia. Pero también la que más problemas tiene en salud pública, en transporte, en reordenamiento de mercados, en aseo urbano, en seguridad, por citar algunos. Sin embargo, para el gobierno municipal la gestión parece controlada desde un círculo íntimo, que lo protege, lo guarda y lo idolatra. Es vox pópuli quién tiene el poder de decisión en la Alcaldía. Se requiere de mucha energía, trabajo, vinculaciones y olfato político, además de evidenciar a diario y públicamente dónde estamos y hacia dónde vamos.

Sus problemas de salud lo reducen a permanecer en su oficina, o en su casa, alejado del corazón de la ciudad de los anillos; donde busca la paz de un pequeño bosque que lo observa desde sus ventanas.

La presidenta del Concejo Municipal, es decir, del Poder Legislativo, la arquitecta Angélica Sosa, cubre los flancos para evitar inconvenientes. Es la vocera de lo que siente y dice el alcalde. Repite en nombre de “nuestro querido alcalde” los planes del gobierno municipal y cómo se gestiona la “cosa pública”. Hace poco más de un mes el alcalde municipal reflejó su estado de ánimo sobre lo que piensa de su futuro político diciendo: “Esta pega es hermosa, una pinche pega que es de alcalde de una ciudad como Santa Cruz lo enamora a usted que da miedo. Y no me voy porque no me da la gana, esa es la verdad”.

Esa fue una de las últimas declaraciones públicas antes de sufrir un accidente doméstico que hoy lo tiene postrado sin ofrecer detalles de algún profesional en la materia como lo demandan los protocolos. No se han conocido los informes médicos oficiales, ni el diagnóstico que precise cuándo se incorporará al trabajo. La ciudad, mientras tanto, en automático continúa su marcha.

Curioso proceder de una gestión que vemos alejarse de los vínculos normales con la comunidad.

Si antes cada aparición del alcalde era estudiada, analizada y protocolizada para evitar contratiempos, hoy cada información de su estado de salud es referida a cuenta gotas y no por canales formales. Preocupa el presente y el futuro de una ciudad con la ausencia edil y con las incógnitas lógicas de una sucesión política que no ve claramente el rumbo que las circunstancias imponen.

¿Acaso el ciudadano, la prensa, la justicia, han perdido sus voces y sus ganas de cumplir su rol de control social?

Santa Cruz, ciudad pujante y de gente luchadora, necesita un mejor trato de parte de sus autoridades, un trato que deje ver que los vecinos merecen respeto y que quienes conducen el rumbo del municipio son sinceros y coherentes con la urbe más importante de Bolivia.



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