2 de mayo de 2022, 4:00 AM
2 de mayo de 2022, 4:00 AM

Así como la moneda tiene dos caras, en Bolivia existe gente emprendedora, dinámica y positiva, y otra encerrada y empecinada en apostar por nada.
Como un ejemplo a destacar están los que confían en el país y deciden dejar otras oportunidades afuera y traer su conocimiento, sus ganas y sus sueños a estas tierras. El caso de Luis Fernando Ortiz, por ejemplo, fundador de la plataforma DeltaX que busca modernizar un sistema de transporte de carga, que hoy padece de muchas falencias. Pero este emprendimiento es gracias a otras 22 voluntades de distintas regiones del país, que ya han conseguidos resultados y apuestan por un desarrollo tan necesario como el aire. La actividad se extiende a otros países como Perú, Ecuador y Colombia, buscando conectar y transportar. Viabilizar sueños.

 En la otra cara de la moneda están quienes se empecinan con bloquear el libre tránsito, violar la Constitución Política del Estado, impedir, frenar y fustigar al otro, a su par, al semejante, a todos.

Uno es la rueda y es otro es el palo en la rueda. Uno es el desarrollo y el vínculo nacional e internacional y el otro, la traba, el encierro, el atraso.
Seguir con el método de bloqueo como protesta tiene un final sombrío. Si resultó en el pasado, no significa que sea la fórmula del éxito, ni mucho menos. Hoy los tiempos son otros. El mundo ha cambiado.

En pleno siglo XXI el tiempo es precisamente lo que nos falta para avanzar como lo hacen otros países. El formato de bloquear, por cualquier demanda, sin antes encontrar las salidas a través del diálogo, el consenso y la sensatez, es definitivamente un tiro al pie. 

Por todo y por nada, se cortan calles, rutas y avenidas, sabiendo que el perjuicio colectivo es más grande que la ganancia. Desde el lado del demandante encuentra en esta acción inconstitucional y autoritaria, que alguien los escuche, porque nadie hace nada por sus demandas. Así cuando ‘no hay remedio’, resulta que el remedio resulta peor que la enfermedad. De un lado transportar carga para generar recursos y medios de subsistencia, del otro, el transporte de la carga de un pasado pesado, una mochila que ancla y reduce.

Ante esta falta de atención de las autoridades el método más fácil y efectivo es el bloqueo: ‘me perjudican, los perjudico’ y así resulta que los perjudicados somos todos y todos somos el país, un círculo vicioso y vidrioso del que parece que no se puede salir y que quienes deben evitarlo no aprenden, no dan opciones y tampoco asumen su rol responsable y verdadero. 

No hallan una salida tan sencilla, no crean otra forma de apuesta y no aspiran por un mañana mejor. Y es crónico, es patéticamente una crónica de muerte anunciada.


Hay inversionistas que buscan dónde destinar sus recursos para hacer negocios, vincular y extender sus proyectos en el mercado. Hoy, decenas de plataformas digitales favorecen estos emprendimientos y generan propuestas que, a gran velocidad, se transforman en realidad. 

Los tiempos son otros, las miradas también. La era digital del siglo XXI no tiene vuelta atrás. Por más que insistan en frenar los impulsos innovadores y propositivos, el avance se llevará puesta toda piedra en el camino y todo capricho anquilosado. 

Las dos caras de un lugar llamado Bolivia, un país ubicado en un sitio privilegiado del continente y con recursos naturales y humanos extraordinarios está hoy a poco de cumplir su bicentenario, es decir, ya con pantalones largos, todavía sin convenir cuál es el modelo en que todos seamos un poco más felices.

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