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29 de octubre de 2017, 4:00 AM
29 de octubre de 2017, 4:00 AM

El primer cuento que leo de Carmen Maria Machado se llama Inventario y comienza como una historia en aparienciea realista: una mujer de 29 años –esto lo sabemos eventualmente- que hace una lista de cada uno de sus encuentros sexuales, tanto con hombres como con mujeres. Algunos de los encuentros son entrañables, otros patéticos, otros peligrosos. El registro de Machado –norteamericana, descendiente de latinos, reciente finalista del National Book Award con Su cuerpo y otras fiestas, su primer libro- es sensual y sensorial a la vez, a ratos cómico, con un gusto por el detalle delirante. 

Pero de pronto el cuento revela algo más y se convierte en otra cosa: casi al pasar, en medio de una aventura y otra, la narradora nota cómo la gente a su alrededor está muriendo. Porque hay una epidemia que arrasa con todo el país y los sobrevivientes se desplazan de ciudad en ciudad, tratando de escapar del avance letal del virus. Y entonces empieza a cobrar otro sentido la urgencia de la narradora, su soledad, su permanente estado de mudanza. 

A diferencia del gore de 28 días después y otras ficciones sobre el contagio, aquí la epidemia queda en los márgenes del cuento, sus detalles subsumidos por la lógica narrativa de la lista, pero a pesar de ello emergen sus efectos devastadores: “Una mujer. Una líder religiosa con un rebaño de cincuenta siguiéndola, todos vestidos de blanco. (…) ‘Hemos caminado mucho’, dijo ella. ‘Paramos un poco, en algún lugar cerca Pensilvania, pero el virus nos alcanzó cuando nos cruzamos con otro grupo. Se llevó a doce de nosotros hasta que nos distanciamos de ellos’. (…) Nos besamos profundamente durante mucho tiempo, el corazón martillándome en la concha”. Un cuento también es todo aquello que queda fuera del cuento, y la elipsis hace de “Inventario” una historia de ciencia ficción potentísima y original. 

Que Machado tiene una preferencia por las listas también puede verse en su cuento más ambicioso y experimental, “Especialmente atroz”, en el que cada fragmento está titulado como los 272 episodios de la serie televisiva Law & Order: SVU. A partir de estos fragmentos, Machado cuenta la historia de Stabler y Benson, dos detectives neoyorquinos que investigan una serie de crímenes en una atmósfera paranormal: aparecen extraños doppelgangers y la detective Benson recibe la visita de fantasmagóricas “chicas con los ojos como campanas” que han sido asesinadas en la ciudad, pero cuyos cuerpos no han sido descubiertos. Benson escucha las campanadas en su cabeza todo el tiempo, urgiéndola a encontrar los cadáveres, y siente latidos bajo el suelo de la ciudad, que vibra como el lomo de un animal monstruoso. 

“Las campanas tañen, tañen, tañen, toda la noche, los repiques arrancan la piel del cuerpo de Benson, o por lo menos así se siente. Más rápido, más rápido, vé más rápido. ‘Necesito dormir’, dice Benson. ‘Tengo que dormir para poder ir más rápido. No tiene sentido. Nosotras no podemos dormir. Nunca dormimos”. Nueva York es una fosa común que esconde los cuerpos de miles de mujeres que han sufrido muertes brutales y violaciones, y el sistema policial y jurídico sigue indiferente an la violencia; el consejo de un oficial de la policía a una víctima es “Tienes que aprender a vivir con ello”. Hasta aquí, los cuentos de Machado me parecen brillantes. 

“Las mujeres reales tienen cuerpos” es sobre mujeres que empiezan a desvanecerse hasta desaparecer, de manera que la única forma de seguir viéndolas es coserles ropa a sus siluetas transparentes, actividad a la que se dedica la dueña de una tienda de ropa glamorosa; la analogía con la anorexia se hace demasiado obvia. 

Lo mismo ocurre con Ocho mordiscos, acerca de las mujeres y sus problemas para aceptar sus cuerpos debido a presiones sociales y culturales: la narradora gorda se somete a una operación para perder peso, y una noche la grasa que le sacaron regresa como una entidad, llevándola a la culpa: la protagonista termina pidiendo perdón a la grasa por no haberla aceptado como parte de sí. En estos cuentos está presente la voluntad explícita de decir algo sobre los problemas de la mujer contemporánea: la imagen corporal, la violencia. Sin embargo, me interesan más las historias de Machado cuando rompe el afán didáctico y fluye su imaginación desaforada, su sentido del humor, su capacidad para convocar el deseo y para instalar imágenes inquietantes y enigmáticas en la memoria.

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