Opinión

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Es hora de superar finalmente la eterna discusión sobre los precios de los combustibles

Décio Fabrício Oddone da Costa es ingeniero y CEO de Enauta S.A.,

21/2/2021 07:32

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El precio del combustible es uno de esos temas que nunca se sale de la agenda en Brasil. En un país que adopta el régimen de libre iniciativa, los precios se establecen en el mercado. Fluctúan con los cambios en el precio del petróleo y el tipo de cambio. Y se determinan de la manera más justa posible cuando el mercado es abierto, dinámico y competitivo (en producción, importación, formulación, logística, distribución y reventa), los impuestos se aplican de manera eficiente y hay transparencia en su divulgación.

Como el fin del monopolio, formalizado en 1997, en la práctica no llegó al segmento de refinación, Petrobras sigue siendo el principal responsable por los precios en el país, lo que significa que parte de la sociedad entiende que el gobierno es el responsable último por los precios. Y, por tanto, puede o debe interferir. Esta percepción está mal. Ningún país define los precios. Salvo los que adoptan controles, todos son siguen los precios definidos en el mercado. Los combustibles son commodities, como la soya o el trigo. Brasil es un país importador.

El precio final para el consumidor es una composición del valor del producto, los márgenes de distribución y reventa, que incluyen los costos logísticos para que el combustible llegue al consumidor, y los impuestos. Los precios y márgenes del productor o importador reflejan las fuerzas del mercado. La única parte definida por los gobiernos son los impuestos. Su nivel es una cuestión de política pública. Hay países que gravan más que Brasil, como algunos miembros de la Unión Europea, así como hay países que gravan menos, como los Estados Unidos. A excepción de las reducciones de impuestos, no existe una medida imediata, que no provoque distorsiones que tarde o temprano aflorarán, capaz de evitar el repasse a los precios de los combustibles cuando suba el petróleo o el dólar.

Mientras Petrobras sea casi un monopolista, la competencia en la producción será limitada. Más de 20 años después del fin del monopolio, la empresa estatal se está deshaciendo de algunas refinerías. Cuando esto suceda, se espera que la producción nacional crezca, ya que los nuevos propietarios maximizarán el volumen en cada unidad, en lugar de optimizar todo el parque de refinación. Además, se deben realizar algunas inversiones para modernizar las refinerías adquiridas, la competencia debe aumentar y la narrativa debe cambiar. La politización del tema tiende a disminuir.

La transparencia en la divulgación de precios aumentó después de la huelga de camioneros en 2019. Los distribuidores regionales han ido ganando terreno en Brasil. La apertura del mercado atrajo empresas internacionales al sector de la distribución. Se comenzaron a discutir medidas para favorecer la competencia y atraer inversiones en los sectores de logística, distribución y reventa.

Además de los avances para hacer más competitivo al sector, como herramienta para mejorar la formación de precios, queda perfeccionar la recaudación tributaria. Los impuestos federales tienen una cantidad fija por litro. Calibrar su valor es una cuestión de política fiscal. El método de cálculo del ICMS departamental (que incluye variación a cada 15 días) es una fuente de volatilidad en el precio al consumidor e inestabilidad de los ingresos departamentales. Además, la diferencia de tarifas entre departamentos produce ineficiencias, ya que las empresas buscan combustibles donde los impuestos son más bajos, y facilita la evasión fiscal.

El proyecto de ley complementario sobre ICMS es oportuno. Los problemas asociados con este impuesto se conocen desde hace décadas. Y se ha hablado durante años de esperar a que la reforma fiscal resuelva el problema. Ahora que la discusión está en su lugar, ya que los beneficios del proyecto son claros, el debate debe ser amplio y transparente.

Salvo una reducción de impuestos, que es difícil de lograr y mantener en tiempos de restricciones fiscales, nada descrito puede impedir que los precios suban cuando suben los precios internacionales o el tipo de cambio. Sin embargo, sin una mayor apertura del mercado, Brasil seguirá siendo rehén de discusiones que se han superado hace décadas en los países desarrollados. La atracción de nuevas empresas al sector de refinación permitiría la convivencia de varios productores ofreciendo combustibles a diferentes precios y plazos de pago. El aumento de las inversiones y la competencia en otros segmentos de la cadena complementaría el proceso de optimización de la formación de precios. La aprobación de un nuevo modelo para el cálculo del ICMS reduciría la volatilidad en el surtidor y la evasión fiscal, además de brindar más previsibilidad a la recaudación de los departamentos y eficiencia en la actividad económica.

La implementación de estas medidas, algunas de las cuales ya están en marcha, establecería las condiciones para que los precios en el país se establezcan de la manera más eficiente, transparente y consistente posible. Con un mercado competitivo en la producción, importación, distribución, logística y reventa y con impuestos cobrados de manera eficiente, sería más claro que no existe una solución milagrosa para bajar el precio de los combustibles, como no existen condiciones para controlar el precio de otros commodities como soja, trigo y mineral de hierro. Se ha avanzado mucho en esta dirección en los últimos años. Es hora de perseverar en el camino trazado hace un tiempo, no de cambiar de rumbo.

 *Décio Oddone fue director de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil


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