Opinión

Es tiempo de salvar vidas

Editorial El Deber 28/3/2020 22:37

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No es tiempo de buscar culpables. Sabido es que los hay, pero este es momento de salvar vidas, de ser consecuentes con una sociedad desvalida y abandonada, con un sistema de salud paupérrimo y con necesidades inconmensurables. En Bolivia se está llegando al peor momento y eso demanda la mayor responsabilidad política, social y profesional.

La jornada de ayer se puso en evidencia que hay falencias que corregir a la hora de dotar equipamiento de bioseguridad al personal de salud. Son comprensibles los llantos desesperados de quienes se tienen que enfrentar al virus con simples barbijos y guantes de rutina, sin los trajes adecuados para no ser contagiados. Empero, nada justifica que los médicos pongan cargos a disposición o se nieguen a atender a pacientes infectados con el Covid-19.

Tampoco es justificable que en los hospitales falte la coordinación mínima indispensable para entregar el equipamiento adecuado a su personal, más aún si se tenía a mano, como en el centro de tercer nivel donde se denunció la falencia y donde hay personal de terapia intensiva y de emergencias en cuarentena por haber atendido a una mujer portadora del virus.

Desde hace varias semanas, autoridades locales, departamentales y nacionales de salud fueron diciendo que había las camas suficientes, el personal suficiente, los implementos necesarios; pero resulta que no era así. No solo falta el equipamiento, sino también la capacitación y hasta la formación de profesionales aptos para atender las versiones más graves de la enfermedad. Esa debería ser la prioridad mayor del Estado nacional, porque los contagios son fuego que quema las manos y puede llevar a la hoguera no solo a decenas sino a cientos de vidas humanas.

El Covid-19 es un virus desconocido, por eso es el enemigo invisible en esta cruzada. Es lógico el temor del personal de salud, a la luz de lo que ha pasado en países como China, Italia, España, Estados Unidos, Irán y tantos otros. Pero lo que no se justifica es que los médicos y enfermeras amenacen con no atender a pacientes. ¿Dónde queda el juramento hipocrático de los galenos? ¿Dónde quedan tantas movilizaciones de los mandiles blancos bolivianos que aseguraban estar luchando por la salud de la población?

En las últimas horas se ha sabido que está llegando equipamiento médico como donación, también que se capacitará al personal en los centros asistenciales. El Gobierno está obligado a acelerar el paso para que nada falte y los profesionales de la salud están obligados a hacer su máximo esfuerzo por brindar garantías y certezas a la población indefensa que los ve como su esperanza de vida.

Si hay alguien a quien responsabilizar por la suma de carencias en hospitales es al MAS y a su presidente, Evo Morales, quien se ocupó de gastar millones de dólares en canchitas, sedes sindicales y elefantes blancos que no se ocupan, en lugar de haber mejorado el sistema de salud boliviano. No se hizo y la carísima factura la estamos pagando todos en el país.

Ahora, en este preciso instante, hay que mancomunar esfuerzos, escuchar a la vocación. Es bueno exigir y denunciar, pero ahora se necesita colaborar y servir. Los médicos pueden ser ángeles que salvan vidas, que esa vocación no se desvirtúe. Para ello es crucial la voluntad y responsabilidad profesional, pero es imprescindible la dotación de equipos. Queremos galenos que se entreguen a los pacientes desvalidos y no enfermos que engorden las cifras de las infectaciones.

El coronavirus está en Bolivia. Es una guerra y los guerreros están en el campo de batalla. Quizás mañana, cuando todo haya pasado, médicos y Gobierno serán juzgados y evaluados. De ellos depende si se aplazan o se salvan. Hay que ser consecuentes con la emergencia. No hay tiempo que perder. La mancomunidad de esfuerzos puede ayudar bastante a paliar efectos del coronavirus en Bolivia, a fin de que las cuentas no sean nefastas de aquí a un mes o quizás en tan solo una semana.

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