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OPINIÓN

Escapar hacia adelante

11/5/2020 03:00

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Por: Marco Montellano
I.
Mientras escribo, cerca de 300 mil personas han muerto en el planeta por COVID-19, según datos oficiales, lo que significa que son muchas más -muchas menos, en verdad- porque lo oficial, usando la palabra del año, es el barbijo que el poder le pone a lo real. El que exponga nuestra vulnerabilidad estructural no significa que la pandemia sea inesperada, súbita o extraordinaria: simplemente somos irresponsables, temerarios. La relación es causal, lógica: si el planeta enferma nosotros también, los más prudentes de entre nosotros lo vienen advirtiendo a gritos hace años. 

Impresiona por eso la potencia metafórica de tener que pedir permiso para caminar por la tierra con la boca cubierta; la naturaleza herida nos ha impuesto observar y escuchar, hacer silencio. Trágica y poética es también la imagen de las víctimas del virus que registrarán el arte y la historia: los soberbios dueños de la tierra agonizando de asfixia y en completa soledad. En el medio de la debacle, no obstante, nuestros tercos patrones y sus millonarios intereses continúan quemando los bosques, saqueando las entrañas de la tierra, ensuciando sus aguas, negando el cambio climático. El capitalismo financiero, con todo su poder, no podrá insuflarnos aire porque no hay dinero que alcance a comprar lo que no tiene precio. 

El escenario a la vista es lastimero y nos remite hacia el profético libro que cierra el imaginario judeocristiano: junto al virus cabalgan rampantes la guerra, el hambre, la guadaña. Las grandes instituciones del mundo, comenzando por la ONU, han lamentado ya que la devastación se multiplicará enormemente en los próximos meses, cuando el impacto del virus golpee con todo al sur global. Houellebecq, mediante una carta pública, dijo estar en desacuerdo con que el mundo vaya a cambiar: “No despertaremos, después del confinamiento, en un nuevo mundo; será lo mismo, sólo que un poco peor”. Quizás tenga razón el narrador francés. En medio de tanta desigualdad, hace mucho que la mayoría silenciada de nuestra especie vive ya en el apocalipsis de Juan.
 
II.
A casi dos meses de su implementación en Bolivia, la cuarentena (necesaria sin duda para darle tiempo a nuestro paupérrimo sistema de salud) es ya una situación paradójica: resulta casi imposible de cumplir para amplios sectores de nuestra sociedad, sumida en la precariedad laboral e informalidad, mientras que para las minorías que están todavía en condición de continuarla no resulta insoslayable porque su vulneración no es sancionada. En esta aplicación diferenciada de la acción punitiva del Estado descansa el privilegio de clase y nociva y cotidiana judicialización de la política en nuestro país. Puedes moverte y hasta volar gratis si es dentro de un avión militar. Puedes festejar si eres amigo de la hija de la presidenta, que por cierto ahora trabaja en la dependencia estatal donde antes reinó Gabriela Zapata. Mas no es necesario hablar de personajes mediáticos. En general, si tienes plata y muñeca tienes permiso para circular: no importa desde qué parte del país leas esto ni en qué gobierno. 

¿Con el MAS hubiese sido peor? No tengo dudas que sí. Recordemos como gestionó durante todos los años de su gobierno las crisis recurrentes de los incendios forestales, recordemos a Evo Morales en su uniforme azul de cazafantasmas entre las cenizas de la Chiquitania. Hubiese sido peor. Ni entre correligionarios de partido y/o alianza política pueden hoy solucionar el divorcio entre la gestión nacional y la regional. Basten los ejemplos de Santa Cruz y Tarija, ambos con autoridades aliadas al gobierno de Añez que no consiguen lo indispensable para manejar la pandemia. ¿Se imaginan a Gabriela Montaño, al mando del Ministerio de Salud, coordinando con Urenda en Santa Cruz?

Las voces subalternas no se escuchan, son silencio, incluso en internet. El anonimato es consustancial a los oprimidos. Nuestro esquema de representatividad es la primera farsa a desmontar si queremos remover los cimientos de la estructura de dominación oficial que llevó al poder al MAS, que en pocos años pactó con el statu quo y el gran capital. Rediseñar nuestra democracia es el desafío a futuro. En las próximas elecciones pensemos que no se trata de retroceder sino de estar alertas y en posición de afronte hacía la maratón del porvenir. No todo está perdido, podemos escapar hacia adelante.

III.
"Es evidente que en Bolivia unos son muy pobres para que otros sean muy ricos. No se puede hacer democracia sin ciertas transformaciones de la estructura social boliviana. Bolivia tiene que convertirse en un país igualitario si quiere convertirse en una nación, lo que tiene Bolivia de no nacional es su desigualdad, fundamentalmente", le dice René Zabaleta Mercado a Carlos Mesa. Es el año 1983, se ha reinstaurado la democracia y gobierna Hernán Siles Zuazo. El programa se llama "De cerca". Hacia el final de la entrevista el periodista pregunta al prominente pensador boliviano -quien vivía en México, donde había fundado y dirigía la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales- si veía con optimismo o pesimismo el futuro del país. Llevando ligeramente el mentón hacia el pecho y meciéndose suavemente de izquierda a derecha sobre su silla Zabaleta piensa. Contesta: "Gramsci recomendaba tener pesimismo en la inteligencia y optimismo en la bondad. El optimismo por sí mismo no nos lleva a ninguna parte, lo que necesitamos es ver quiénes somos y saber dónde estamos. Creo que uno de los aspectos defectuosos de nuestra realidad es cierta visión anti culturalista, cierto anti intelectualismo sistemático que se ve en los partidos políticos, en las propias centrales obreras. La verdad es que, sin una visión rigurosa, histórica, mundial de las cosas ninguno de los problemas es solucionable. Las extremas dificultades de nuestra vida hacen que haya tendencias irracionalistas reiteradas en las modalidades de nuestra vida social. Creo en un esfuerzo de racionalidad sobre lo que somos en rigor, no en base a optimismo sino al examen de lo que realmente somos. Bolivia como tal es fruto de una larga historia y desde luego, es algo destinado a no desaparecer".