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Escasean ciencia y tecnologías

Lupe Cajías 9/4/2021 05:00

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Hace poco, el Observatorio Astronómico localizado en Tarija y único de ese nivel en Bolivia cumplió 37 años. No fue noticia porque no interesa a las autoridades, ni a los dirigentes políticos, ni a los movimientos sociales y tampoco a los periodistas. Los asuntos de las ciencias y de las tecnologías no ocupan primeras planas; quizá algún editorialista de vez en cuando se ocupe de ellas.

Esta entidad se ahoga porque la Gobernación de Tarija no cumple con los apoyos financieros que están aprobados en su presupuesto. También se ahoga por la apatía del Gobierno central, a pesar de que este centro del saber realiza muchas actividades para explorar el firmamento y difundir entre los pobladores locales y forasteros los misterios del cosmos. Siempre hay un programa novedoso para aprender.

Este centro contó con el respaldo económico y técnico de Rusia, cuando los apoyos extranjeros no significaban un condicionamiento ideológico o político. También existen aportes japoneses al planetario. A pesar del maravilloso cielo boliviano, los emprendimientos para tener otros observatorios chocan contra la negligencia, cada vez más generalizada.

En mis viajes, siempre que puedo, visito observatorios astronómicos y planetarios porque son fascinantes. En Barcelona el Observatorio Fabra pertenece a la Real Academia de Ciencias y Artes de la ciudad y ofrece el placer de observar las estrellas mientras se disfruta una cena en su terraza, en la montaña del Tibidabo. Es tan ilustrativo reconocer planetas, constelaciones, teorías.

Otro observatorio extraordinario es el Europeo Austral (ESO) en pleno desierto de Atacama. Hay que reservar plaza para la visita con meses de anticipación. Vale la pena, pues ahí están las máquinas más modernas de la región, trabajan científicos de todo el mundo y es posible divisar hasta los lejanísimos agujeros negros. Abajo existe una ciudadela subterránea para evitar toda contaminación lumínica. Bolivia podría albergar un emprendimiento tan fantástico, pero ya se sabe que no faltarían bloqueos, presiones masistas para conseguir empleos, campañas de posverdades.

Antiguos proyectos como la Estación Meteorológica de Patacamaya, del Instituto Boliviano de Tecnología Agropecuaria, no tiene ni siquiera un portal informativo. ¿Qué paceño ha escuchado sobre su trabajo? De vez en vez algún estudiante de la UMSA le dedica una tesis o algún antiguo técnico recuerda con nostalgias los mejores momentos.

La Estación Biológica del Beni, próxima a cumplir 40 años, es parte del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) y fue en su momento un ejemplo de alianzas estatales y privadas, con amplia participación de la sociedad civil para preservar la extraordinaria vida silvestre de la zona. Hasta 2005 era una prioridad para el Estado boliviano. Desde la decadente gestión de Abel Mamani (una persona de tierras altas, activista político, que no se interesaba en ese tema antes del cargo) hasta los actuales responsables “colonizadores”, el sistema de áreas protegidas está en peligro. A pesar de las denuncias siguen expulsando a los guardabosques y a los técnicos.

La lista es muy larga. Los resultados son evidentes ahora y serán peores en el futuro cercano. No solo es imposible soñar con fabricar vacunas, ni siquiera hay esperanza de contar con planes de compra, con programas de distribución, con equipos seguros y, mucho menos con información transparente. La ignorancia siempre es opaca.



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