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OPINIÓN

Escritor ofrece sus servicios

Homero Carvalho Oliva 11/5/2020 03:00

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Escritor desempleado en cuarentena que, viene de tierras bajas como Herta Müller, acaba de concluir un curso intensivo en labores de hogar, ofrece sus servicios a domicilio, especialidades: Cocina francesa como Jean Paul Sartre y mexicana como Laura Esquivel, hace ensaladas rusas mejor que León Tolstoi o Máximo Gorki, pastas como Ítalo Calvino y Umberto Eco, salchichas al estilo de Gunter Grass; comida peruana con la sazón de Blanca Varela y César Vallejo; especial chino para los herbívoros con recetas de Mo Yan, piques machos al igual que Augusto Céspedes y picantes con la letra de Juan Rulfo, prepara sushi como Aruki Murakami y Yukio Mishima; aletas de tiburón a la tormenta con recetas de Herman Melville; hornea pan de arroz con los secretos culinarios de Raúl Otero Reiche y Horacio Rivero Egüez, así como pasteles con recetas Gabriela Mistral, chocolates como de la fábrica de Roald Dahl y tartas de maíz como Miguel Ángel Asturias; prepara cócteles dignos de Ernest Hemingway, unos quemapechos para el frío aprendidos con Jaime Saenz y tragos fuertes con una receta de Charles Bukowski facilitada por la joven poeta Stéphanie Hinojoza, así como galletas navideñas Charles Dickens.

Limpia castillos como William Shakespeare y ordena cuartos propios como Virginia Wolf; acomoda ambientes pequeño burgueses como Bertolt Brecht, pule la vajilla como Alejo Carpentier; lava los platos con la furia de William Faulkner y Ambrose Bierce; acomoda las camas mejor que en los cuarteles de Mario Vargas Llosa, apareja los libros como en la biblioteca infinita de Jorge Luis Borges y trapea casa tomada al estilo de Julio Cortázar; lava ropa hasta que no queda ninguna mancha con la misma prolijidad de Clarice Lispector, plancha como un Lord inglés tal como lo haría JRR Tolkien y limpia los cuadros de la sala como los retratos de Óscar Wilde; saca la basura al ritmo de samba aprendido de Jorge Amado; para que no hayan moscas en el hogar lo aprendió de William Golding y es el terror de las cucarachas como Stephen King o de las telarañas como Edgar Allan Poe.

Repara techos para que las niñas no se vayan volando como con Gabriel García Márquez y como Esopo les cuenta fábulas a los niños y niñas, así como les lee poemas para evitar que la soledad los hiera como a Alejandra Pizarnik; encuentra joyas perdidas siguiendo los consejos detectivesco de Agatha Christie; puede hacer que su vida deje de ser una odisea como le hubiera gustado a Homero y asume varias personalidades para cambiar focos, destapar cañerías, lavar platos, con las tantas personalidades de Fernando Pessoa; va al supermercado como JK Rowling y paga deudas con la pulcritud poética de Óscar Cerruto; puede llorar viendo telenovelas miserables como Víctor Hugo y reza el rosario con la abuela con la misma devoción de Sor Juana Inés de la Cruz, es un buen jugador de cartas como Fiódor Dostoievski y puede recoger a los borrachos del bar como lo haría James Joyce. Por último y no menos importante, al igual que Franz Kafka, puede afirmar: “soy un empleado que trabaja mucho, dotado de un talento y de una dedicación excepcionales”, una maravilla como Lewis Carroll; además se desenvuelve en otras voces y otros ámbitos como Truman Capote, todo por un sueldo mínimo y lo hace con el humor de la Divina comedia de Dante Alighieri y la pasión del Quijote de Miguel de Cervantes.