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27 de noviembre de 2018, 4:00 AM
27 de noviembre de 2018, 4:00 AM

n la década de los ochenta del siglo pasado no era fácil publicar en Bolivia y los jóvenes de entonces, que queríamos ver nuestros inéditos impresos, tuvimos que inventarnos editoriales personales. Eso cambió en este nuevo siglo con la irrupción de muchas editoriales, especialmente en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba.

Gracias a algunos pequeños empresarios que se arriesgaron en el mundo editorial muchos escritores pudimos ser publicados; especialmente jóvenes autores que les hubiera sido imposible costearse la impresión de sus obras y su talento se hubiera perdido en el cajón de un escritorio, ese riesgo es algo que debemos reconocerles a esos empresarios del libro. Sin embargo, en los últimos años sobrevino la crisis editorial, producto tanto de los libros digitales, de los electrónicos, así como de los piratas; además de la insoslayable crisis económica que ha hecho que muchas editoriales desaparezcan o publiquen con menos frecuencia.

Este panorama ha obligado a los escritores a recurrir a publicaciones autofinanciadas; en algunos casos creando editoriales independientes, cartoneras o sin ningún sello editorial; incluso han aparecido editoriales que solamente publican plaquettes, folletos de cuentos y poemas en formatos pequeños. Conozco a varios escritores que no les va mal con las ventas porque se dedican personalmente a ofrecer sus obras, ya sea en grandes o pequeñas ferias de libros. Incluso hay algunos escritores que han logrado que sus libros sean leídos cada año en varios colegios del país, generando un ingreso económico extra que los ayuda a vivir dignamente. En la FIL 2018 de Santa Cruz hubo más de cien escritores autopublicados y el número sigue creciendo.

Sé que muchos de estos escritores, hombres y mujeres, publican porque aman la literatura, no les interesa ganar premios, volverse ricos o ser famosos; les interesa acercar la literatura a la gente, por eso es grato verlos en las ferias de ciudades o de pueblos conversando con niños, jóvenes o adultos, sinceros, felices con lo que hacen, buscando nuevos lectores. Quiero rendir mi homenaje a todos ellos en la persona de un buen escritor, Ramiro Jordán, un extraordinario ser humano que un día, a sus sesenta y pico años, tomó sus poemas sueltos en papeles y cuadernos y publicó su primer poemario, desde entonces ha seguido publicando, superándose a sí mismo en cada edición. Gracias a escritores como Ramiro la literatura tendrá futuro en nuestro país porque tendremos lectores.

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