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Escrutinio congelado

Humberto Vacaflor Ganam 28/10/2019 03:00

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 Las nerviosas horas que vivió el MAS al cerrarse la jornada del 20 de octubre lo llevaron a cometer varios errores, pe­ro el mayor de ellos fue haber retado a la Organización de Estados Americanos (OEA) a realizar una auditoría de las elecciones. 

A partir de ese momento, el escrutinio quedó congelado. Lo dijo la propia OEA: nadie se puede declarar ganador de las elecciones mientras no con­cluya la auditoría. Elemental. 

Todo comenzó con un de­safío. 

Si alguien quiere hacer un recuento mesa por mesa, voto por voto, que lo haga, fue el mensaje. La OEA recogió el guante y ahora debe realizar la auditoría.

 Dice el cocalero que la OEA no puede ir en contra del “triunfo popular” y no puede cometer el pecado de intro­misión. 

Entonces, ¿para qué invitaste a que se haga la au­ditoría? La OEA no es como la Contraloría boliviana, que recibe órdenes sobre cómo deben ser sus veredictos. Mientras se da esta pataleta de un gobierno que ahora no quiere que el juez elegido dicte la sentencia, el rumor que co­

 rre es tan ancho como el Mamoré. ¿Dónde están los que defienden al Gobierno y al fraude? Son unos grupos de mercenarios, como los cocaleros que llegaron a Cocha­bamba a hacer acto de presencia y partir de regreso inmediatamen­te. O los furiosos ponchos rojos de Achacachi, que llegaron a La Paz con puntualidad de empleado pú­blico, y con la misma puntualidad se marcharon.

 En cambio, la protesta es uná­nime. Como si reflejara la posi­ción de mucha más gente de los reflejados por las cifras que dio el TSE. Parecería que las protestas representaran a casi todos los bolivianos, incluso más del 80%.

Piden la segunda vuelta los ob­servadores de la OEA, la Unión Europea y cinco países. 

Pero se están quedando cortos, porque el rumor más grande ya no pide se­gunda vuelta, sino otras eleccio­nes. Y más todavía. Son muchos los que quisieran que una nueva elección lleve a una realidad de borrón y cuenta nueva.

La historia boliviana, como se decía en tiempos de cambios en el pasado, está preñada. Quizá el escrutinio congelado al que dio lugar el error de cálculo del Go­bierno permita que la criatura que está en el vientre del país refuerce sus genes, que han de ser del siglo XXI, que no han de ser aliados de regímenes terroristas internacio­nales, como el de Irán. Borrón y cuenta nueva, de veras.