Opinión

OPINIÓN

Espacios de debate electoral

El Deber 12/5/2019 03:00

Escucha esta nota aquí

Se acortan los tiempos. El 27 de mayo saldrá la convocatoria a las elecciones nacionales y, a partir de ese momento, restarán menos de cinco meses para que los bolivianos acudan a las urnas para el elegir al próximo presidente, vicepresidente y asambleístas nacionales. Estamos hablando de 146 días que pasan volando y que pueden no ser suficientes para que la ciudadanía sepa qué propone cada candidato, a fin de que la decisión expresada en el voto sea motivada por la razón y no por los impulsos de las emociones.

Obviamente, a la mayoría de los partidos les interesa más atizar la guerra sucia y provocar que suba la temperatura política, porque eso no los pone frente a la necesidad de prepararse para dar un examen sobre el modelo de país que quieren construir.

El periodista Diego Fonseca, editor del libro Quién gana la Copa América de la corrupción, afirmaba que, frente a los escándalos del poder en la mayoría de los países del continente, se puede ver el horizonte con pesimismo o con optimismo; para la segunda opción, planteaba que el ciudadano debe involucrarse y no dejar que sean solo los políticos (muchos de ellos cuestionados) los que queden solos con el timón de las naciones. A tono con ese criterio, los electores bolivianos no tendrían que quedarse observando pasivamente cómo los candidatos se echan lodo entre ellos, ensuciando las esperanzas y el ánimo de la sociedad.

Por eso, es preciso generar espacios para demandar propuestas. Los candidatos tienen que rendir examen y contar con detalle cómo van a atender las principales necesidades del país, cómo van a encarar el tiempo de vacas flacas que ahora atraviesa Bolivia; qué harán para evitar que para recibir atención médica no sea necesario dormir afuera de los hospitales; qué medidas tomarán para que los estudiantes tengan educación de calidad competitiva; cuál va a ser la estrategia para luchar contra el narcotráfico que avanza perforando ciertos niveles de la Policía; si van a mantener las empresas estatales que dan pérdida porque tienen supernumerarios y les falta eficiencia. Son muchas las preguntas que deberían tener respuesta.

A la ciudadanía también le toca trabajar a nivel individual, familiar y social para que el morbo de la guerra sucia no seduzca la atención. Es desde la sociedad civil desde donde hay que exigir respeto a los políticos.

En esa lógica, desde EL DEBER proponemos convertirnos en ese espacio de debate serio para construir la agenda que el país necesita, sin demagogia y con soluciones de largo plazo. A partir de esta iniciativa, podrán sumarse instituciones y medios. La demanda es dejar a un lado la burda guerra de insultos y acusaciones para que los candidatos demuestren que no solo usan a los electores, sino que los validan, respetan y están dispuestos a trabajar por ellos con honestidad.