(Requiescat in pace: epitafio latino que, traducido al español, significa “descanse en paz”).
El 6 de agosto de 1825 se firmó en la antigua Charcas el acta de fundación de Bolivia, con la participación de representantes de La Paz, Cochabamba, Potosí, Charcas y Santa Cruz, si bien nuestros 2 representantes llegaron después de dicha fecha. Estos llevaban 21 instrucciones, aprobadas en un cabildo de Santa Cruz de la Sierra, pero que nunca fueron escuchadas. Así, el naciente país se apropiaba de un extenso espacio de 1.700.000 kms², que ya había declarado su independencia el 14 de febrero de aquel mismo año, merced al valor del ejército mayoritariamente conformado por cruceños.
Han pasado más de dos siglos de vida republicana y aún no se ha conseguido la unidad nacional, una frase tan cacareada por la gran mayoría de los políticos y seudodirigentes de la sociedad civil. Diferentes factores, históricos, geográficos, culturales, etc., han conformado dos bloques con identidades dispares y visiones distintas, cada vez más enfrentados, siendo el modelo centralista estatal, el principal causante de esta situación.
Santa Cruz y los demás departamentos no pueden continuar así. Un buen ejemplo son las últimas acciones sediciosas y punitivas, lideradas por un sindicalismo centralizado y delincuencial, que hace caso omiso a sus filiales regionales. Esta es la hora que las regiones dentro del marco democrático, exijan y si es necesario arrancar del poder andinocentrista, un modelo de estado que beneficie a todo el país. No se trata de acaparar el poder, sino de repartirlo a quienes pertenece, los departamentos y provincias.
¿Será que debemos seguir aguantando mansamente el derrumbe de un país, que va cayendo a pedazos, y sólo dejar los reclamos y las críticas a los mensajes por celulares, mientras suenan los acordes de una banda musical? Es hora de plantear un proyecto nacional desde Santa Cruz. Luego vendrá su socialización y adhesión a sus principios. Alcanzada la unidad, emergerán los líderes que levanten nuestras banderas reivindicatorias, así como los nuevos compromisos de la institucionalidad. De no ser así, seguiremos construyendo caudillos que consigan nuestras adhesiones con palabras bonitas.
Si no se consigue esta hoja de ruta, entonces Santa Cruz deberá liderar una revisión de aquel pacto inconsulto de 1825 y entonces, rever una “nueva relación de Santa Cruz con el estado de Bolivia”, que no sea necesariamente la autonomía o el federalismo,
Es hora de desbloquear la mente de los conformistas o de quienes se apegan al poder, cualquiera sea su línea ideológica, sólo con el propósito de ganar dinero o prebendas. Santa Cruz necesita mirarse al espejo con sentido crítico, más que de complacencia.
Concluyo apropiándome de algunas frases de la Junta Tuitiva de La Paz (1809) que patentizan el momento que se vive: “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana, nos ha mirado como a esclavos; hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez…”.
(*) Carlos Dabdoub Arrien es expresidente del Comité pro Santa Cruz