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Estamos a tiempo

Maggy Talavera 14/3/2020 20:53

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Basta un caso confirmado de Covid-19 para que se desate una epidemia. A esa sentencia se llega al recoger los criterios compartidos por especialistas y profesionales en salud del mundo entero, que están preocupados por la agresiva expansión del nuevo virus. No se trata de ser alarmista. La propia OMS ya ha declarado pandemia mundial por el virus que pasó de un par de casos detectados en Wuhan, China, a más de 141.000 en 121 países, con un número de muertos que saltó de uno registrado el 11 de enero en Wuhan, a 4.923 contabilizados hasta el viernes pasado a escala mundial.

En Bolivia ya hay tres casos confirmados y al menos ocho nuevos casos sospechosos. Es decir, suficiente para prever una epidemia. Una realidad que más vale encarar como tal, sin maquillaje, aunque es importante también hacerlo sin caer en la histeria colectiva. No hay duda que es más fácil decir esto, que lograrlo. Pero no es imposible, sobre todo si hay capacidad de aprender de las experiencias ajenas y de escuchar las recomendaciones que nos llegan en especial desde Italia y España, dos de los países europeos más golpeados por el nuevo coronavirus. La principal: actuar con rigor para evitar contagios, ahora que aún estamos a tiempo. Hablo en plural, porque la acción es colectiva y no solo del sector público, directo responsable de las políticas y servicios sanitarios.

La acción colectiva no le quita responsabilidades, sin embargo, a las autoridades públicas. Estas ya han tomado algunas acciones importantes, como la suspensión de clases en todo el sistema educativo y las restricciones en actividades públicas. Pero no son suficientes. Hay fallas muy graves cometidas tras conocer los primeros casos confirmados en el país, referidas a la desatención de los pacientes y sus familiares, a la obligada cuarentena y al aislamiento inmediato del barrio o localidad donde está circulando el virus. Son medidas tomadas en Corea del Sur, por ejemplo, y que le han permitido a este país controlar la expansión del coronavirus. Es lo que debió hacerse con la paciente de San Carlos, pero la falta de control y autoridad sanitaria, sumada a la ignorancia e histeria de los vecinos del lugar desencadenaron una crisis vergonzosa que se agravó en la capital cruceña, con siete centros de salud negándole el ingreso a la paciente. De terror.

Pero como dicen los europeos, nosotros aún estamos a tiempo de corregir estos graves errores y de prever mayores estragos. No es una opción. Estamos obligados a hacerlo. De lo contrario, los daños acá serán mayores que los ya vistos en Asia y Europa, donde existe mejor sistema de salud, más profesionales especializados, laboratorios y equipos. Solo un par de datos para que tengamos la dimensión del riesgo que corremos: si pasamos de la epidemia a la pandemia, algo probable dada la exponencial expansión del Covid-19, no habrá capacidad alguna para atender a los enfermos. Solo pensando en Santa Cruz, el más poblado de los departamentos del país, hay un déficit de más de 3.000 camas hospitalarias para internación general. ¿Se imaginan cómo estamos en terapia intensiva, que es donde terminan los cuadros complicados de coronavirus?

Esto sin considerar el número de médicos, enfermeros, laboratorios, equipos e insumos necesarios para encarar una pandemia. Sin considerar, además, que nuestros hospitales ya están saturados desde hace varios años, hoy presionados además por una epidemia de dengue y la amenaza de otra de influenza. O sea, no estamos para chistes, ni para medias tintas, ni para medidas parches. Que lo asuman así nuestras autoridades, pero también cada uno de nosotros. Sin histeria, pero con rigor. Con la disciplina y compromiso visto en los 21 días de paro cumplidos entre octubre y noviembre del año pasado, pero sin jarana, churrasco y cabildos. Estamos a tiempo, que no se nos olvide.

Y que no se nos olvide la humanidad, por favor. Mata más la falta de humanidad, esa vista en vecinos incendiarios, que un coronavirus. Como compartió alguien, citando a La Peste, de Albert Camus: “Las peores epidemias no son biológicas, sino morales”.

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