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Estudiando la pobreza en un laboratorio

Gonzalo Chávez 20/10/2019 03:00

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En un abordaje tradicional, la economía es una ciencia social que se basa en teorías generales que buscan explicar el comportamiento de personas, empresas o estados. 

La ciencia económica desarrolla modelos conceptuales a partir de ciertas hipótesis que se deben validar con datos cualitativos y/o cuantitativos.  Al contrario de las ciencias naturales, una teoría económica, o una política pública, no se la ensaya en un laboratorio. 

La ciencia económica no realiza experimentos,  y por prueba y error saca conclusiones y establece leyes.  Bueno, no hasta que el indio Abhijit Banerjee, la francesa Esther Duflo (MIT) y el estadounidense Michael Kremer (Harvard) - ganadores del premio Nobel de Economía 2019 - desarrollaran un enfoque experimental para entender y aliviar la pobreza global. 

Estos tres economistas convirtieron escuelas concretas y postas sanitarias específicas, primero en Kenia y después en otros países de Africa,  en laboratorios donde experimentaron la reacción de alumnos, pacientes, profesores médicos, funcionarios públicos, familias a ciertas acciones de políticas públicas e incentivos también muy concretos. Como en un laboratorio farmacéutico experimentaron diferentes combinaciones de ingredientes (recursos, reformas, metodología) y otros estímulos económicos para encontrar proyectos concretos que ayuden a superar la pobreza. Una vez probada su validez, en una clase o un centro de salud, los programas son escalados a grupos mucho más grandes.  

 Con este tipo de aproximación, también se demostró como muchas políticas sociales generales y estandarizadas eran ineficientes y una gran pérdida de recursos financieros. En el año 2001, William Easterly en su libro “En Búsqueda del Crecimiento” ya había alertado de este problema. 

La tesis principal de Easterly es que los numerosos esfuerzos para remediar la pobreza extrema en el Tercer Mundo han fallado porque han descuidado el entendimiento de como las personas, las empresas, los gobiernos y los donantes responden a incentivos concretos. Por lo tanto, argumenta, que el fracaso del desarrollo económico se debe a la incapacidad de entender que no hay recetas generales para combatir la pobreza.  Es así que para los premiados por el Nobel es muy difícil que los resultados de los experimentos de campo en Kenia se repliquen en Bolivia. 

Entonces para que los niños de Viacha, por ejemplo, tengan un mejor desempeño escolar se debe conocer sus condiciones sociales y probar cómo reaccionan a incentivos concretos. Sólo después se podrían extrapolar acciones a otros colegios del altiplano nacional. 

La investigación basada en experimentos sobre educación en países pobres del Africa hechas por Banerjee, Duflo y Kremer  muestran que recursos financieros adicionales para las escuelas, en general, tienen un impacto menor sobre el desempeño de los alumnos. Sin embargo, cambios en la forma de enseñanza, que se adaptan a las necesidades de los alumnos, son de gran valor e impacto. 

También mejoras en la gobernanza en una escuela (mayor coordinación entre padres de familia, directores, profesores y estudiantes) y un mayor compromiso y responsabilidad de los maestros son medidas que aumentan la calidad de los estudiantes. 

 En temas de salud, por ejemplo, los ganadores del Nobel mostraron, a través de experimentos, que la baja calidad del servicio explica de por qué las familias pobres invierten poco tiempo en medidas preventivas. 

Es decir puede existir un centro de salud en un barrio pobre, pero sin los que atienden no conocen la idiosincrasia del lugar, no cuentan con información adecuada, están mal preparados y son torpes con las personas, éstas no asistirán a programas de vacunación o controles prenatal.  

 El entendimiento práctico y concreto de la pobreza y la medición de la efectividad de ciertas políticas sociales han ayudado a evitar el desperdicio de recursos financieros y a cambiar el funcionamiento de los organismos públicos y las organizaciones privadas.