Opinión

Eva, el Estado y el vecino

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25 de marzo de 2017, 4:00 AM
25 de marzo de 2017, 4:00 AM

Después de que a sus escasos 12 años Eva Quino muriera de hambre y aquejada por sus ataques de epilepsia sin ningún tipo de asistencia médica en la precaria vivienda que compartía hacinada con su familia en la ciudad de El Alto, el Gobierno anunció un “rastrillaje” de casos de desnutrición y extrema pobreza en todo el país. Una legión de trabajadoras sociales y de voluntarios tratarán de establecer cuántos casos similares al de la infortunada muchacha existen a lo largo y ancho del territorio patrio, para acudir con ayuda. Incluso todos los ministerios, alcaldías, gobernaciones y universidades estatales se involucrarán en una suerte de ‘cruzada’ nacional para identificar los hogares bolivianos en estado de indefensión como el de Eva. La suerte de ella probablemente habría sido distinta como innecesario el ‘rastrillaje’ propuesto, si el Estado hubiese invertido en mejorar los indicadores sociales con los millonarios recursos que administró y destinó a gastos superfluos durante la época de bonanza que en Bolivia ha tocado a su fin.

“En la Suiza de la que nos hablan no tendrían cabida estos dramas cotidianos. Como esa muerte no es neoliberal, ni pluri, ni de derecha o de izquierda, lo único que cabe es reconocer que no somos Suiza y que la mitad de lo que se dice se desploma frente al cadáver de una niña que se murió de hambre”, escribió con certeza el sociólogo Renzo Abruzzese en su columna que tituló La muerte de Eva y la Suiza de Evo y que fue publicada en un diario de La Paz. 
Otro enfoque sobre el caso correspondió al exprefecto de Santa Cruz y conocedor del campo público, Carlos Hugo Molina, que en EL DEBER Radio sugirió no rasgarse las vestiduras ‘de un lado ni de otro’ como tampoco hacer bandera política del caso para atacar al Gobierno. “No podemos seguir viviendo como hasta ahora ignorando a quien vive al lado nuestro”, demandó. Para Molina, la muerte de Eva no fue un hecho casual y que la falta de lo que él define como ‘consciencia urbana’, impidió que funcionaran las alertas y los mecanismos que pudieron haber prevenido y evitado tan penoso y fatal desenlace. Luego escribió en su Facebook que “para no ser fariseos, el mandato más grande que nos deja la muerte de Eva por inanición es saber: ¿quién es mi vecino?, ¿cómo está? Humanicemos el vecindario de los vivos. Los que se fueron ya no están”, subrayó. 

Igualmente son reflexivos los términos de Molina, pero, en definitiva, por las causas que sean, ojalá        que nunca más una muerte por hambre vuelva a ocurrir en Bolivia 

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