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Eva y Jeanine, bolivianas de paz

Lupe Cajías 27/12/2019 03:00

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Cientos de miles de familias bolivianas celebraron este 24 de diciembre una Nochebuena compartiendo el pan y el abrazo fraterno. Festejo ensombrecido porque una treintena de hogares evocó a sus muertos, casi todos fallecidos después de la huida de personajes que no respetaron el resultado de una consulta popular. Los mismos que protegieron elecciones irregulares. Al salirse ordenaron cercar las ciudades y sembrar el caos.

Bolivia experimentó un terror inusual en su larga historia de enfrentamientos, casi siempre cara a cara. Fue importado el formato criminal de grupos enmascarados, actuando al amparo de la noche y del anonimato digital, armados de palos, dinamitas y bombas molotov.

Al borde del abismo, dos mujeres decidieron aceptar la invitación de mediadores nacionales e internacionales para darse la mano y permitir una tregua a la nación.

Eva Copa, joven madre, ocupó la presidencia del Senado de la Asamblea Legislativa Plurinacional en medio de la confusión general, particularmente de su propio partido y se involucró en el sentir de una gran mayoría de familias alteñas que rechazaban los chantajes violentos de esos días.

Jeanine Áñez, como ya escribí, fue la mujer valiente, esa carta oculta que suele guardar la sociedad boliviana para no desperdiciar el horizonte. Tanto que, en pocos días, pocas horas, cambió las sombras por una propuesta sostenible, respaldada por sus partidarios y por decenas de profesionales y técnicos.

¡Qué montaña más escarpada tienen ambas al frente! Garantizar elecciones transparentes y en igualdad de condiciones para todas las candidaturas. No es relevante la simpatía ideológica de uno u otro tribuno electoral (cada persona tiene sus preferencias), sino su aporte para rescatar la renovada institucionalidad y para responder a la confianza de la población.

Deberán cuidar una colmena de múltiples celdillas, tirante y continuamente amenazada; mantener la estabilidad política, lograr los acuerdos necesarios, la prudencia entre lo que se puede ceder y aquello que alerta una línea roja. Intentar probar la estabilidad económica con base en las cifras reales y al mismo tiempo denunciar la corrupción y el mal uso de los bienes del Estado.

A nivel personal, les toca escuchar calumnias, infamias, difamaciones, ataques a su dignidad, sobre todo porque ¡son mujeres! Como suele suceder, los chismes salen de la boca envenenada de hembras que no pueden soportar el éxito de otra mujer. Ser líder, ser famosa, levantar la cabeza entre la muchedumbre, ser feliz, provoca escritos repletos de maldad.

Son manotadas de las lagartijas grises, como las llaman los oráculos, que se arrastran porque aborrecen el mundo de las mariposas y necesitan disfrazarse porque de otra forma no llamarían la atención.

En contraste, hay miles de voces aplaudiendo a estas mujeres que marcan con su sensibilidad femenina otro mundo posible.

Andrea Cornejo Vargas salvó a La Paz cuando también parecía quebrarse este mismo año, con coraje, con ñeque. Ahora es el turno de Eva y de Jeanine. No hay espacio para el desencanto.

En su palabra diaria, en sus decisiones, en sus acciones está la esperanza de los cientos de miles de copas que este primero de enero brindarán por ellas.