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La Alcaldía de Santa Cruz determinó el viernes nuevas medidas de restricción en el ingreso de las personas a mercados, supermercados, centros comerciales y cines según terminación de números de cédulas de identidad como una forma de contener el rebrote de casos de Covid-19, pero dos días después decidió dar marcha atrás y dejar sin efecto esas normas pese a la ola de contagios en ascenso.

La alcaldesa Angélica Sosa argumentó que la anulación de esas nuevas medidas en los sectores comerciales y de abastecimiento se determinó ante el pedido de los sectores para permitir la libre circulación en los espacios de atención sin ninguna restricción y la esperanza de ‘volver a confiar’ en la población, y ante la constatación, asegura ella, de que los centros de abastecimiento se vieron desbordados y aglomerados el fin de semana ante el anuncio de las prohibiciones.

El repentino giro puede o no ser una medida acertada y eso es discutible, pero lo que no parece comprensible es ordenar una medida y a las pocas horas dejarla sin efecto, porque eso da la sensación de que se actúa de manera improvisada y sin medir las consecuencias de una u otra determinación. Eso sin descartar las presiones que muy probablemente ejercen determinados gremios sobre las autoridades, que en etapas electorales se vuelven vulnerables. No hay que olvidar que la alcaldesa Sosa es ahora candidata a la Alcaldía en la elección del próximo 7 de marzo por la agrupación Santa Cruz Para Todos.

La curva ascendente de casos positivos en esta nueva etapa alcanzó el sábado un pico de 380 nuevas personas infectadas por el virus en el departamento de Santa Cruz, de las cuales el 80 por ciento se registraron en la ciudad capital.

Un día después, el domingo 20, se tomó solo 76 pruebas en dos laboratorios y 33 de esas muestras resultaron positivas, es decir el 43,4 por ciento de la muestra tiene Covid-19.

El Ministerio de Salud viene manifestando su estado de alerta por el rebrote del coronavirus en el país y alista un plan para evitar contagios masivos, en coordinación con los gobiernos departamentales y locales.

Las autoridades nacionales en Salud ven con preocupación el comportamiento inadecuado de la población, en particular de los más jóvenes, y por eso pidió evitar las reuniones masivas en las fiestas de fin de año.

Un sondeo realizado por EL DEBER a través de Twitter el fin de semana reveló que el 52,7 por ciento de las opiniones se mostró partidario de tomar medidas más drásticas para frenar los contagios en el rebrote, mientras el 28,5 por ciento es partidario de retornar a una cuarentena rígida. Solo el 18,9 por ciento dijo estar de acuerdo con las medidas vigentes.

En ese contexto se inscribe el leve endurecimiento de restricciones y el paso atrás de la Alcaldía de Santa Cruz en menos de 48 horas. El componente político de cara a las elecciones de marzo no debe influir en decisiones epidemiológicas porque el primer caso se trata de votos, pero el segundo se trata de la salud y en muchos casos de la alternativa no elegible nada menos que entre vivir o morir.

La condición de nuevos riesgos y la percepción de la población no debieran pasar inadvertidas en las políticas locales de Santa Cruz y menos en esta etapa de proselitismo donde la tentación del poder puede conducir a tomar decisiones quizá estratégicamente convenientes para determinado partido político, pero perjudiciales para la salud de la población.



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