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Evitemos la crisis financiera 2021

4/1/2021 05:00

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Por: Samuel Doria Medina

Todos hemos aguardado con esperanza el comienzo de este nuevo año. Sin embargo, por lo menos al inicio, éste seguirá arrastrando la carga que le ha pasado el anterior: crisis económica y emergencia sanitaria. Y esta carga puede volverse más pesada con el transcurrir de los meses si el gobierno no actúa correctamente.

El principal riesgo que veo en el horizonte es una transformación de la recesión, que en 2020 ha sido del -8% del PIB, en una crisis financiera que, actuando a su vez sobre el sector real, impida la recuperación económica por varios años. Esta es una posibilidad, no es inevitable, pero puede ocurrir y causar mucho pesar a los bolivianos.

La falta de un plan gubernamental integral y consistente para enfrentar los problemas económicos del país debe considerarse ya como uno estos problemas, quizá el principal de ellos. El conjunto de medidas desarticuladas y fragmentarias que se ha aprobado hasta ahora no equivale a un plan en el verdadero sentido de la palabra.

Algunas de estas medidas han traído alivio a corto plazo, pero al mismo tiempo han creado situaciones indeseadas. Tal es el caso de la postergación hasta este mes, desde el comienzo de la cuarentena, de los pagos de los créditos bancarios. Hace poco, la asociación de entidades financieras especializadas en las microempresas, Asofin, ha dicho que este diferimiento ha quitado a sus asociadas liquidez (disponibilidad de recursos) para cumplir su trabajo habitual de concesión de nuevos préstamos. No podemos olvidar que la cartera crediticia es una especie de “fondo rotativo” que se gasta y repone continuamente para poder funcionar. Por tanto, si se deja de repagar por un tiempo largo, se desfinancia; la ventaja de algunos, de los que ya tenían líneas de crédito y pudieron desatenderlas por un tiempo, convive con la desventaja de otros, esto es, de los aspirantes a obtener nuevos créditos. Ya advertí en su momento que esto podría suceder. También lo hicieron los bancos cuando la ley de postergación de repagos se discutía en la Asamblea Legislativa. Pero los legisladores del MAS se mostraron incapaces de reprimir su deseo de jugar con fuego en el campo financiero, que es uno de los más delicados y vulnerables de una economía.

La autoridad financiera -ASFI- acaba de responder a la queja de los micro financieros de la misma manera, es decir, con sordera, ignorando los argumentos de sus interlocutores. ASFI dijo que los bancos de microfinanzas mienten, que en realidad no carecen de liquidez ya que podrían prestar con recursos provenientes de distintos fondos estatales, como si prestar recursos de fuentes internas (el ahorro de los depositantes y el pago de los prestatarios) fuera lo mismo que hacerlo con recursos de fuentes externas (más caras, más limitadas, etc.)

Además de ignorar sus reclamos sobre este asunto, el gobierno está sometiendo al sector financiero a un desgaste que era tolerable en la época de prosperidad, pero que ahora resulta muy peligroso. No contento con ampliar el impuesto adicional sobre el IUE a todo el sistema financiero, acaba de obligar a los bancos a reinvertir el 100% de sus utilidades. Estas medidas, como todas las de carácter populista, parece ayudar a la economía cuando en realidad la perjudica. El mensaje gubernamental es que un peligroso estatismo está planeando, como la espada de Damocles, sobre las cabezas de los principales grupos empresariales bolivianos. Pues hay que tomar en cuenta que la mayoría de los bancos bolivianos pertenece a inversionistas nacionales que al mismo tiempo son propietarios de activos agropecuarios, industriales y comerciales muy importantes. Existe la posibilidad de que estos grupos, en respuesta, detengan sus proyectos, con lo que disminuirán las posibilidades totales de creación de empleo en el país. Con su actitud, el gobierno incluso puede fomentar la fuga de capitales.

Los banqueros no le caen bien a la mayoría, en una sociedad donde se penaliza al exitoso económicamente, pero son imprescindibles para la economía. Al mismo tiempo, su tarea, que es administrar el dinero de la sociedad, los vuelve ultra-sensibles a los cambios en la atmósfera económica. El gobierno de Luis Arce debe dejar de cargar pesos sobre el sector bancario o corre el riego de agravar la crisis del sector real con una crisis financiera.



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