Opinión

Evo y las ejecuciones extrajudiciales

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9 de abril de 2018, 6:02 AM
9 de abril de 2018, 6:02 AM

El veredicto alcanzado por un jurado de EEUU contra Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín deja claro que nadie está libre de poder ser juzgado por sus actos. El presidente boliviano actual ha tomado decisiones equivalentes a las de esas dos exautoridades. Ellas van desde su responsabilidad en la represión en Chaparina hasta haber ordenado el operativo policial del hotel Las Américas, en el que se produjeron las ejecuciones extrajudiciales de tres personas. También su Gobierno hizo que dirigentes opositores pasaran años detenidos de manera ilegal.

La semana pasada, Evo Morales recibió dos (muy) malas noticias. La primera llegó el martes 3 de abril en la mañana, cuando precisamente la CIDH aceptó un proceso contra él por las ejecuciones extrajudiciales mencionadas. No habíamos tenido algún presidente en Bolivia bajo esas circunstancias. Al conocer la decisión de la CIDH, el ministro Carlos Romero no negó la matanza y solo dijo que defenderá al presidente “que salvó la unidad de la patria” de “peligrosos separatistas”.

La CIDH aceptó la denuncia de que a raíz de los hechos del hotel Las Américas hubo ejecuciones extrajudiciales, detenciones indebidas, secuestro judicial y torturas. Los tres fallecidos eran de nacionalidad extranjera y murieron en suelo boliviano.

La segunda mala noticia para Evo llegó horas más tarde, el mismo día: también Sánchez de Lozada y Sánchez Berzaín fueron hallados responsables por “ejecuciones extrajudiciales”.

El exdictador Augusto Pinochet fue detenido en Londres en 2009 durante una visita privada por orden del juez español Baltazar Garzón, entre otras razones, por la ejecución extrajudicial de un diplomático español sucedida en suelo chileno en los años 70. Fue la primera vez que jueces europeos aplicaban el principio de “justicia universal”, en sentido de que los delitos de lesa humanidad pueden ser juzgados en un país diferente del que fueron cometidos. Ello, más la decisión de EEUU, hace que los dictadores tengan menos lugares dónde esconderse.

Ser presidente es el mayor honor de una persona. Pero ese alto cargo debe ser desarrollado no solo con intuición política ni obsesión por la popularidad, sino con responsabilidad y grandeza.

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