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Una arenga política del presidente Luis Arce durante un acto en Cotoca, referida al color de las obras, derivó en expresiones inapropiadas de sus adherentes contra el gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, que no parecen el mejor camino para el debate o la confrontación partidaria, que es el escenario donde debieran quedarse los cruces verbales.

Todo comenzó el reciente fin de semana, cuando el presidente Arce entregaba obras para el sector educativo en la población vecina a la capital cruceña; allí afirmó textualmente: “Santa Cruz hoy se viste de azul con estas obras. Hoy a Santa Cruz no van a poder pintarlos (sic) de verde hermanos porque las obras vienen de color azul”.

De entrada, la alusión a los colores resulta innecesaria y es incorrecta: las obras que entregan los gobiernos, sea el nacional o el departamental, se financian con recursos del pueblo y no del partido de la autoridad. Una vieja y lamentable tradición política boliviana arrastra este vicio de pintar del color del partido de gobierno las obras, como si se trataran de su propiedad y tristemente sobrevive con más fuerza que nunca en este tiempo.

Pero además, el verde en Santa Cruz es el color principal de la bandera del departamento y por varias otras razones, la cultura cruceña se identifica históricamente con el verde. El verde no es el color ni de la agrupación de Camacho ni de la de Rubén Costas. Así como a Sucre se la identifica como la ciudad blanca, o a La Paz con el rojo punzó y el verde esmeralda de su bandera, a Santa Cruz el verde la representa casi como su primera referencia simbólica, por influencia, entre otras cosas, del color de la hermosa naturaleza de esta región.

Entonces, decir que Santa Cruz se viste de azul y no de verde, puede incluso interpretarse como una provocación innecesaria que muy bien se pudo evitar.

Con destacar que el Gobierno nacional lleva obras a tal o cual municipio sería suficiente y apropiado y hasta digno de aplaudir.

Y como de política se trata, el gobernador Camacho respondió a Arce calificándolo de “desubicado”, y lo criticó por hacer politiquería con obras que se hacen con dineros del Estado.
“Las obras no deben tener colores de los partidos, ni azules ni verdes. Sus expresiones son muestras de la pobreza de moral con la que ejerce el cargo”, dijo Camacho.

De inmediato, cinco ministros y algunos parlamentarios del MAS salieron a responder a Camacho con todo tipo de expresiones y críticas.

De todas, la más lamentable desde que comenzó esta polémica verbal fue la expresión del viceministro de Autonomías, Álvaro Ruiz, quien atribuyendo la frase a un supuesto amigo suyo dijo: “Parece que (Camacho) va a tener más matrimonios que obras en Santa Cruz”.

La expresión hacía una alusión obvia al anuncio de la boda íntima que contraerá el gobernador en estos días, como se conoció en las últimas horas.

Introducir a las grescas de locuacidad la vida privada de la autoridad, donde además figura el nombre de una mujer que nada tiene que ver con política, es caer muy bajo.

Nadie tiene derecho a juzgar, y menos en el marco de una polémica verbal política, la vida privada de las personas, por lo menos no mientras esta no vulnere ninguna ley ni principio.

Más allá de las ideas, de la simpatía o antipatía que se tenga con el gobernador cruceño, hay que recordar que tanto él como su novia son personas mayores y libres de tomar la decisión que mejor juzguen para sus vidas. Meter la mugre política de por medio no es de hombres ni mujeres respetables.

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