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El presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, ha desatado una polémica con declaraciones que vienen a echar gasolina al fuego en los tensos días que vive el país por el rechazo a la ley contra las ganancias ilícitas y las peleas simbólicas por la wiphala.

Calvo habló de “gente malagradecida que viene a esta tierra buscando mejores días”; se refirió, sin especificar a quiénes, a los que hacen cosas “en contra de la tierra que les da de comer”; los llamó a que “no sean cuervos”; habló de una “raza bendita” de cruceños nacidos y no nacidos para quienes “un trapo no hace nada, un trapo no nos representa”.

El líder cívico también consideró “una falta de respeto” las marchas realizadas el martes en Santa Cruz en defensa de la wiphala.

Sus declaraciones provocaron la ira de representantes del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), pero más que eso, que finalmente era previsible, les dieron argumentos a voceros de ese partido a reafirmar la lógica de la confrontación y la polarización, que es la que ellos mejor explotan políticamente.

Un líder de la región debe ejercer la prudencia en todas y cada una de sus acciones y declaraciones; cada palabra que diga debiera ser bien pensada y medida para hacer ese ejercicio que los políticos suelen olvidar con demasiada frecuencia: adelantarse al tiempo y prever qué efecto producirá tal o cual expresión.

Ese respeto del que él reclamaba a quienes no piensan igual, es el mismo respeto que él debe prodigar a quienes tienen otras convicciones, sea que vivan en Santa Cruz o en cualquier región del país. El lenguaje del odio, del revanchismo es más propio de los jefes del MAS, que necesitan tener a su electorado en un estado de permanente alerta y victimizados para sostener una ideología que se sustenta más en el plano del revanchismo histórico, y en el terreno de las promesas más que de los hechos propiamente.

A los líderes regionales les vendría bien comprender que esas expresiones de radicalismo regionalista son los mejores insumos conceptuales de los que se alimenta el discurso principalmente de Evo Morales, y por tanto de los demás miembros de su partido.

Tampoco hace falta enrostrarle a los migrantes que llegaron y se quedaron a trabajar en la región, que deben ser “agradecidos” o que “aquí se les da de comer”, lo que entre otras cosas resulta una falacia porque los nacidos y no nacidos en esta tierra viven de su trabajo, y no de lo que alguien les da para subsistir.

Santa Cruz es una tierra generosa, hoy mismo es la región más nacional de Bolivia porque aquí están ciudadanos de todos los departamentos del país, y es en torno al amor a la tierra, la cultura y la gente misma que se asienta con el tiempo el sentido de pertenencia, que a la larga consigue que cada vez haya más cruceños que sienten y piensan como el colectivo mayoritario que con orgullo se proclaman “cambas”.

El directorio del Comité Cívico ha salido ayer a aclarar que se sacó de contexto las declaraciones de Calvo. Para fines de opinión puede ser entendible una comunicación de esa naturaleza, pero de puertas para adentro lo que quizá hace falta es poner freno a los excesos verbales. Lo que está en juego en las luchas democráticas es mucho y las torpezas no le hacen bien a ese objetivo.

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