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¿Existe vida después del neopopulismo y neoliberalismo?

Gonzalo Chávez 19/1/2020 03:00

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El Evoeconomics, la religión que se intentó construir desde el Estado, ha caído en desgracia aunque no desaparecerá muy rápidamente. Cabe recordar que el fanatismo estatista pretendía substituir a otro radicalismo: el neoliberalismo. A veces la historia camina en círculos,  los cultores del mercado han vuelto a sacar las trompetas del triunfo anunciando: privatizaciones, apertura de la economía, eliminación de subsidios, cierre del Banco Central y otras viejas recetas. 

Los seguidores de Friedman y Hayek anuncian a los cuatro viendo que el péndulo de la política pública debe volver, lo más rápido posible, a la derecha de dios padre. Renace el viejo e inútil clivaje Estado versus mercados. No es casualidad que algunos predicadores internacionales del neoliberalismo de caricatura estén por estas tierras.     

 Antes de incorporarse a una de las trincheras ideológicas y salir a un fiero griterío de consignas vale la pena preguntarse si hay vida después del neoliberalismo y neopopulismo, en especial cuando se va en dirección de una economía digital y un capitalismo de plataformas. Son tiempo rápidos y de inflexión histórica. Son periodos no sólo para buscar nuevas respuestas sino  para cambiar las preguntas. Por temas de espacio me concentraré en dos:  ¿Cómo reinventamos el desarrollo económico y social a través de la dimensión ética? ¿Qué papel juega la creación de valor público en la sociedad?  

La esencia de la vida en común es la construcción de confianza y puentes de reciprocidad, es el pacto en el espacio del microcosmo societal (familia, empresa, comunidad) pero también es el acuerdo grande (leyes, Constitución). Las razones para justificar cualquier padrón de desarrollo y modelo económico deben estar ancladas en valores y principios, no al revés, como ocurre en la actualidad. Donde los valores están instrumentalizados. 

Los medios justifican el fin, razón por la cual el tejido básico de la sociedad está deteriorado, en algunos casos, y en otros, destruido, tanto por el individualismo impuesto por el mercado o el colectivismo cultivado por el nacionalismo y financiado con favores del Estado.

En ambos casos se ha roto la ética de la confianza, prevalece el individualismo/egoísmo/oportunismo o el privilegio del grupo abusivo sobre el todo de la comunidad. Se ha quebrado la relación entre ética y prosperidad, entre oportunidad y desarrollo, entre inclusión y riqueza. La ideología de la desigualdad es cada vez más profunda y naturalizada. Tanto para el capitalismo extractivista, y especulativo financiero como para el capitalismo estatal de amiguetes todo vale para acumular riqueza y poder. Más aún el capitalismo de plataforma crea el espejismo de la uniformización pero en base al secuestro de la vida privada de las personas y la evasión fiscal. 

Entre tanto, no puede existir desarrollo equitativo y sostenible sino se repone la ética de la reciprocidad y la construcción colectiva del bien común, sostiene Paul Collier, profesor de la Universidad de Oxford. Por eso el desafío es mayúsculo.  ¿Cómo repensar el desarrollo a partir de la ética de la reciprocidad en la familia, la comunidad, la empresa, el Estado y el mundo? Además, en una sociedad fragmentada ética y económicamente la creación de valor colectivo se pierde. La creación de valor se define la producción de nuevos bienes y servicios para el servicio de la comunidad. 

Las “teologías extractivistas”, en su versión neopopulista y neoliberal enfatizan la extracción de valor de los recursos naturales que beneficia sólo a un grupo y no la creación de valor en otros sectores. En el primer caso,  el principal rol del Estado es la captura de este valor (rentas) y su distribución populista. En el segundo, la captura de valor lo hace un mercado ciego e injusto para beneficio de otro grupo privilegiado.

Reposicionar la ética implica pensar en las personas, en la naturaleza, en la colectividad, en el conocimiento colectivo, en suma en el capital humano creando en red. 

Hablar de recolocar la ética en el centro del debate es pensar en desarrollo integral y sostenible y no solamente en crecimiento económico, por ejemplo. Si la ética conduce las políticas sociales y económicas, los mercados y el Estado son instituciones perfectibles y complementarias que están al servicio del bien común. Son medios y no fines.

Entonces para que el mercado o Estado funcionen, depende de reglas de juego formales (legislación) e informales (usos y costumbres), de arreglos institucionales que en fondo son pactos éticos, instrumentos al servicio de la comunidad. En esta línea de razonamiento, por supuesto que hay vida después del neopopulismo y neoliberalismo. Está en la ética.