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6 de septiembre de 2018, 4:00 AM
6 de septiembre de 2018, 4:00 AM

“Volando vengo, volando voy…de prisa, de prisa. Rumbo perdido…¿Cuándo llegaré? ¿Cuándo llegaré?”.

Muchos comentaron que cuando ‘Manu Chao’ compuso esta canción, que tituló “Desaparecido”, pensaba en la condición de los migrantes africanos y latinos en países del ‘norte’. Hoy, aquella problemática migratoria continúa. Pero en ‘el sur’ ha surgido una nueva: la de ciudadanos venezolanos que buscan refugiarse en países de la región -principalmente Colombia, Ecuador y Perú- debido a la crisis económica y social que reina en su país de origen.

A pesar de la política de “puertas abiertas”, ratificada por esos tres países, hace dos días, en un comunicado de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y apoyada por el quinto estado miembro, Bolivia, la situación de los migrantes venezolanos preocupa.

¿Cómo se ha generado este éxodo, que ya ha desplazado a más de dos millones de venezolanos?

Ciertamente, la primera razón es la crisis económica de este país, donde los bienes más básicos -como alimentos o medicinas- escasean; en consecuencia, el inevitable desespero ha motivado a miles a atravesar casi 200 kilómetros, a pie, en búsqueda de una oportunidad para sobrevivir; asimismo, la política de recepción, de los países andinos, les ha dado una pauta de “rumbo” a miles de venezolanos, que no han dudado en aprovechar.

La venezolana Marielis Montero llegó a la frontera con Colombia junto a sus hijas, su madre, su esposo y un hermano autista -que no recibe su medicina hace tres meses-. Alimentados solo con harina y huevos, su forzado menú cotidiano, y sin más que unas artesanías como bienes para transaccionar.

Ella, como tantos otros casos expuestos por los medios internacionales -en este caso, la revista colombiana “Semana” (1/9/2018)-, representa la compleja situación de los ciudadanos, supuestamente beneficiados con la política “socialista” de Nicolás Maduro. Desesperados por buscar alternativas para sobrevivir han optado por migrar. Y cada vez son más.

El incremento de migrantes este año se explicaría porque 2017 concluyó con el irracional incremento del salario mínimo, dictaminado por el sucesor de Hugo Chávez. Pero la moneda nacional ha perdido su valor y la capacidad de producción es cada vez menor. Instituciones como la CEPAL (2017) o el FMI (2018) anticiparon que esta situación se agravaría. Se prevé que la inflación llegue al 13 000% y la tasa de desempleo, al 33,3%, al concluir el 2018. Mientras, grafitis de “HAMBRE” se reproducen en las calles de Caracas y el desespero se agudiza en la población.

Frente a esto, caminar cientos de kilómetros, atravesar climas diversos y exponerse a la incertidumbre que solo un migrante puede sentir, ilustrada con el “¿Cuándo llegaré? ¿Cuándo llegaré?”, parecen una mejor opción.

No obstante, el periplo del migrante no concluye ahí. Tampoco su incertidumbre, su frustración y su miedo. Aunque cabe destacar las políticas de Ecuador, Colombia y Perú -apoyadas por Bolivia- para recibir a los migrantes venezolanos, es preciso pensar en programas que permitan insertarlos en nuestras sociedades. Y nosotros, los ciudadanos, ser co responsables de esa inclusión. Venezuela hoy sufre. Nuestra solidaridad con sus ciudadanos debe ser un compromiso humano.

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