Opinión

Explicaciones urgentes

2 de abril de 2020, 3:00 AM
2 de abril de 2020, 3:00 AM

La muerte de Richard Sandóval le puso nombre y apellido a la epidemia del coronavirus en Bolivia, titula una noticia publicada por EL DEBER. Y ese bautizo ha sido amargo, porque a todos les queda la sensación de que esa vida pudo salvarse. Quizás esa hipótesis es pura especulación, pero no se podrá saber a ciencia cierta hasta que no se investigue y se informe con la verdad a los bolivianos. Esa explicación es urgente, no solo por el dolor que causa la pérdida de una vida, sino fundamentalmente porque en un momento tan crítico para el país, lo que la ciudadanía necesita es tener certezas y no dudas respecto a los protocolos que se siguen para atender a los pacientes.

Sandóval llegó de Nueva York, a los pocos días se sintió mal y fue a una clínica privada para buscar atención. Le hicieron la prueba del Covid-19 y salió positiva. Lo internaron y le estaban dando la atención del caso; no obstante, su familia informa que por orden del Servicio Departamental de Salud de La Paz fue trasladado al hospital “de referencia” para atender casos de coronavirus, ubicado en el barrio La Portada.

Lo trasladaron, según la familia, en una ambulancia que ni camilla tenía. Lo llevaron a un centro asistencial que no tenía una unidad de terapia intensiva, que no contaba con un respirador. La pregunta es: ¿Cómo puede ser de referencia un hospital sin cuidados intensivos y sin equipos para respiración asistida con un virus que se sabe que ataca las vías respiratorias? El hombre murió asfixiado en una ambulancia, mientras buscaban el equipamiento adecuado.

La familia acusa a clínicas privadas de La Paz de haber negado la asistencia de terapia intensiva para salvar la vida de Sandóval, en una aparente comisión del delito de omisión de socorro. Quizás si las cosas se hubieran hecho bien, este empresario estaría recuperándose y no sería el nombre de la precariedad del sistema de salud que tiene el país.

Lo más llamativo es que la respuesta gubernamental es que no hay respuesta. Y mientras tanto, la incertidumbre crece en la población. Richard Sandoval tenía 49 años, no estaba en el grupo de riesgo. Muchos de sus contemporáneos se preguntan si a ellos también les puede pasar. Lo mínimo que se merecen los bolivianos es claridad y transparencia, no vueltas ni dilaciones que no dicen nada.

Quizás lo más honesto hasta el momento ha sido la voz del ministro de la Presidencia al reconocer que Bolivia no está preparada para enfrentar el coronavirus, pero es deseable que haya un mínimo de coordinación entre el sistema público y privado de salud. A sabiendas que la seguridad social estatal está colapsada, es preciso que las clínicas particulares pongan su aporte; que los seguros médicos pagos dejen de actuar movidos por la billetera y no nieguen la cobertura a los pacientes con Covid-19 o cualquier infección respiratoria. Si para eso se necesita una norma nacional que obligue, pues hay que dictarla. El momento obliga y el país no quiere más víctimas como Richard Sandóval.

Mientras tanto, aún Bolivia espera explicaciones imprescindibles sobre este desenlace desafortunado, sino que este episodio negro permita replantear el protocolo y que todos los actores (públicos y privados) hagan su máximo esfuerzo para que la pandemia no robe más vidas de bolivianos.

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