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Falta que pregunten: ¿Cuál coca?

Carlos Federico Valverde B 6/12/2020 05:00

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No fue agradable leer las declaraciones del ministro Eduardo Del Castillo, quien aseguraba en EL DEBER: “Que no pase por los mercados legalmente establecidos, no quiere decir que se desvíe al narcotráfico”. Y no lo es, porque es desacertada y hasta parece mostrar que el ministro está desinformado con relación al tema.

Repasemos lo que se sabe y es de dominio público. La coca de Chapare no se acullica o “pijchea”, porque “tiene mal sabor y es muy gruesa” (se ha escuchado y leído en cientos de reportajes” publicados algunos de ellos en mi libro Tierra, Territorio, Poder y Cocaína (Editorial El País 2 ediciones, 2015-16) y, además, porque la coca tradicional y de consumo es la de Yungas; ese es un hecho. La otra, la del trópico cochabambino, va al narcotráfico.

Refuerzo lo de arriba: En noviembre de 2013 (publicado por EJU.tv), el zar antidrogas Felipe Cáceres dijo: Es una realidad, en Chapare la hoja es más grande y amargo, pero es de menor precio; es decir, la gente pobre tiene más acceso a la hoja del Chapare, vayamos a los mercados de Sucre, Potosí y Oruro. La coca yungueña, hay que ser realistas en esto, la coca yungueña es más menuda, más dulce y menos amarga”. Evo Morales aseguró en 2016 (en el día del acullico) la siguiente frase: “Reconocemos, evidentemente la mejor coca es de los Yungas de La Paz”.

De coca y cocaína: Los acápites anteriores debieran ser suficientes para referirnos a los mercados de consumo interno; en Santa Cruz no hay coca chapareña en los mercados (de acullico) legales; en los mercados de consumo de coca en el propio Chapare, la coca es yungueña. Donde sí hay mucha coca de Chapare es en Yapacaní, San Germán, en la Chiquitania, hay en Beni, y en todos los lugares donde se produce cocaína. Estos dos departamentos son, además del Chapare cochabambino, los lugares donde se concentra la fabricación de cocaína y pasta base (que se exporta, pero en menor cantidad). Es un hecho, Yungas de La Paz produce entre el 93 y el 95 % de la coca legal del país, mientras que la coca de Chapare sólo va al mercado legal en un 5 a 7%. Más de una vez se escuchó a productores de coca paceños decir que “la coca de Chapare no justifica su uso legal”.

En agosto del 2015, en el diario La Razón, el entonces viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, decía: La demanda de droga es uno de los factores para que el 40% de la producción de coca en Bolivia no pase por los controles legales y por ello la comunidad internacional debe reparar en ese aspecto y no sólo echar la culpa a los países productores (de coca).

Esta aseveración del ex hombre fuerte de Morales deja al descubierto la realidad vista por el hombre del Chapare: hay fabricación de cocaína, porque “la comunidad internacional consume cocaína”, fabricación que se hace en Bolivia, usando diversos métodos y ‘afinando’ las técnicas, sea para lograr mayor rendimiento de la hoja (ahora un tambor de cocaína “rinde” hasta 2 veces y media lo que rendía hace 15 años), sea para aligerar cargas y para lograr pasar los controles cada vez más rígidos; se produce hasta cocaína líquida en territorios altiplánicos, lejos del Chapare, desde donde sale la pasta base (libro citado).

No cuesta entender que si la coca de Chapare no pasa por mercados legales es porque sirve para abastecer al narcotráfico.

Con relación a que Bolivia es “lugar de paso” de droga es no conocer la problemática. Evidentemente, alguna producción peruana (sólo peruana) llega a Bolivia, pero ese es otro tema; por ahora concentrémonos en la respuesta al diario El Día de Santa Cruz del director Nacional de la FELCN (31 mayo 2012), cuando sostenía: “Bolivia es un país productor y de tránsito de cocaína”. Una de sus respuestas es clave para entender lo dicho: “existen informes de inteligencia que señalan que la calidad de la droga en el Perú no es buena y que los narcotraficantes prefieren la boliviana porque parece de mejor calidad. Por ejemplo, en Brasil prefieren más la base de cocaína de Bolivia porque después esta droga puede ser “mixtureada” para su venta”

Sobre la droga peruana, ya lo había dicho la Dincote de Perú, que parte de la producción de pasta base peruana pasa a Bolivia, donde la trabajan hasta convertirla en cocaína de alta calidad y exportarla, mayormente al Brasil (segundo consumidor de cocaína en el mundo). Es un hecho, Bolivia es el supermercado de la droga en el sur del continente, Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Chile, reciben cocaína boliviana, un porcentaje para consumo, el otro para exportarla).

Y, por último, el tema de los cárteles, ya se acabó el cuento de los “emisarios”. Los cárteles están en Bolivia y, si no despliegan su violencia, como en otros países, es porque la relación cocalera con el poder político es cercana y “garantizadora” de la actividad. En Bolivia, por esa relación, el cocalero pone condiciones al cártel y no al contrario, como en México, Perú o Colombia. Acá, el poder cocalero gobierna (hay que ver en adelante con Arce Catacora, aunque, basta ver quiénes están a cargo de esa tarea) y pone las reglas de “comportamiento”.

El tema es muy largo, por tanto, termino con esto, dicho por Feddy Machaca, dirigente del Distrito 2 de Yapacaní a EL DEBER: “Mientras haya harina va a haber pan; quien tiene que controlar eso es el gobierno; mientras haya coca, va a haber cocaína”. (http://cosecharoja.org/bolivia-ichilo-victima-y-complice-del-narcotrafico/).

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