Opinión

Felipe Quispe en la historia de Bolivia

Diego Ayo 14/2/2021 06:39

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Felipe Quispe, el Mallku, era un odiador. ¿Lo era? Seguro. Y este rasgo ha sido defendido por una larga fila de analistas para restar brillo al líder aymara recientemente fallecido. Desde la otra vereda, han aflorado las reflexiones que lo aúpan desaforadamente: “destruyó al régimen q´ara-neoliberal”. O sea: o era un aymara malo y re-malo o era un aymara bueno y re-bueno. He ahí la síntesis dual que adorna nuestros periódicos.

No sé lo que exactamente fue don Felipe y posiblemente los agoreros o los ponderadores lo saben mejor. No importa. Me interesa evaluarlo al calor del momento histórico que se vivía en aquella coyuntura histórica iniciada en 2000. ¿Quién fue el famoso Mallku? No hay duda: fue el puente. Eso fue. Agarró el barco de la historia, salió de la orilla del neoliberalismo, se subió a una barca e hizo cruzar el barco a la orilla de enfrente, aquella del nacional-comunitarismo. ¿Lo hizo solo? No, claro. ¿Lo hizo sabiendo lo que pasaría? No, claro. Pero eso es asunto de otro análisis: aquí conviene analizar el mérito de la persona y ya.

¿Se entiende? Imagínense una partera. ¿Qué logra? Sacar a la wawa de la barriga de su mama. Entre la comodidad de esa panza enorme, lista a cumplir nueve meses de espera, y el encuentro con la vida, pringada de aire y luz, hay un salvoconducto que se debe atravesar. Eso es lo que se llama parto. Y Quispe no fue el partero: fue la wawa que salió de la barriga de la historia, atravesó un camino, corto, doloroso, pero, sobre todo, magnífico, para presenciar el nuevo mundo.

Ese breve, pero significativo camino es/fue don Felipe: el atravesador del mundo neoliberal al mundo campesino/indígena-comunitario. Recordemos que para consumar este logro había un tramo que caminar. El Mallku lo caminó de 2000 en adelante. ¿Importa que la wawa haya odiado, reído, escupido o se haya encogido a lo largo del tramo final de salida? Importa un carajo: la cosa es que saliera. En nuestro caso, ¿se esperaba que Felipe, el tierno, recitara poemas de Alfonsina Storni? No pues, ¡se esperaba que saliera! Y salió. He ahí su mérito.

¿Se esperaba que, al otro lado del río, a puertas de ese nuevo mundo, estuviera un caballerito que no sabía ni bucear? No, aunque cabe reconocer que el caballerito gritó alto y fuerte: “dale Felipe, cruzá cojudo”. ¿Quién fue este distinguido oportunista? Evo Morales. Sí, el Evo, quien con revolucionaria actitud le echó una patada a la balsa y se introdujo corriendo en el nuevo mundo, dejando atrás a este corajudo conductor de lanchas. ¿Tuvo algún mérito este oportunista desfalcador llamado Evo? Seguro: inició esta nueva etapa de la historia. La wawa vivió y creció desde el 2005-6 hasta nuestros días (aunque hoy esté ya jorobada y mañuda).

¿Pasó similar suceso alguna vez más? Sí, en 2019: el movimiento de los “pititas” se subió al mismo barco. Hizo todo como se debe hacer: cruzó de una orilla a otra, llevándose por delante al presidente tramposo de entonces, el mismo Evo, quien buscó derribar a esa gloriosa barcaza. Ésta esquivó los torpedos y terminó viajando de una franja a otra. ¡Capos! ¿Cuál fue la diferencia y por qué no lograron su propósito? Porque del otro lado de la orilla estaban el Mesa, el Camacho y la Jeanine. “¿Qué lindo el cielo, ¿no?”, sentenciaba el grandote ojeando algún libro sobre las ventajas de las nubes, “sí, los chuchurubises deben estar volando por ese cielango”, respondía el perla del oriente, “vendan ese cielo y el río ya, ¡sin licitación! y que se ahoguen los que vengan”, concluía el asesor máximo de la presidenta. ¿Resultado? Nadie recibió a esos balseros “pititas” en el nuevo mundo. Se ahogaron y el mundo, ¡vaya novedad!, se revitalizó en la vieja orilla (o ¿alguien cree que Arce y su gente son la “nueva opción”?).

El Mallku, odiador (o no), dio nacimiento a un nuevo mundo. Fue el “pitita” al que sí esperaban en la otra orilla. No se lo puede negar: el Evo estaba ahí. ¿Suplicando que la lancha del Felipe no se hundiera? Seguro, bien parqueado, comiendo algo y viendo telenovelas turcas, ¡pero ahí! Quizás nos haya gustado ese mundo que venía y vino, quizás no. No importa. Si importa, más allá de esa apreciación, que el Mallku fue ese caminante de la historia, ese navegante de las orillas, aquel feto que supo salir del útero al nuevo mundo…

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