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Filosofar la vida y repensar la sociedad

Viernes, 03 de julio de 2026 a las 05:00

¡Qué tiempos los actuales que gracias a las tecnologías, al permanente estado de convulsión y de tensiones, al acecho contra las libertades, al impulso de la cultura del miedo y del odio está conduciendo a los que somos parte de las sociedades a mirar de palco lo que ocurre, a divertirnos con lo que le sucede al otro, a burlarnos de las desgracias ajenas, a que otros piensen por uno y que unos pocos decidan lo que tenemos que hacer o no!

Tiempos en que las tecnologías nos facilitan mucho el pensar y el hacer, el escribir y el leer, el ser y el tener. Con solo dar una orden o algunas ideas para la redacción de una carta o un cuento que se le imparte a la ChatGPT o a la IA, al instante tienes esa carta o ese cuento, con estilo y bien redactado.

Hace muchos años, el escritor ruso Fiódor Dostoievski sentenció que “a las personas inteligentes se les prohíbe pensar para que no ofendan a los idiotas”, y en ese laberinto nos vienen atrapando los tentáculos del poder, que no quiere seres pensantes, solo seres obedientes; del avance de las tecnologías, del reinado de la Inteligencia Artificial, que adormece las capacidades intelectuales; pero que a la vez todo este abanico de riesgos debe significar un reto para el ser humano o un mirarse hacia el interior de la mano de la filosofía y los filósofos, que hace siglos nos encaminaron a buscar respuestas ante tantas dudas y complejos problemas de la humanidad, de los dioses, del Universo.

A estas alturas del siglo XXI es necesario hacer un paréntesis para pensar y repensarnos, fortalecer los niveles de nuestras capacidades críticas para sobrellevar el diario vivir acosado por un bombardeo incesante de informaciones de todo calibre y calidad, gracias al accionar de las redes sociales, que se han convertido en partes esenciales de la existencia de los mortales humanos, convirtiéndolos en simples fichas que pueden ser usadas y desechadas.

La escritora canadiense Margaret Atwood nos alerta que “la sociedad que ya no puede pensar con claridad y que ya no puede cuestionar sus propias suposiciones se dirige hacia el  precipicio”. Su libro El cuento de la criada, trasladado a una miniserie, está haciendo furor en Netflix.

No podemos huir de la realidad, ni escondernos bajo tierra. Lo que hay que hacer es controlar la realidad, ser parte de ella, asumirla, vivirla y superarla. “La filosofía debe ser un poder vivo, y debe tener como meta y como efecto, la mejora del hombre”, indica Víctor Hugo en Los miserables.

Es tiempo de filosofía, de pensarnos, de leernos por dentro. De mirarnos a fondo y con sinceridad. No hay por qué tener miedo. Es buena la lectura del alma. No cerrar las páginas de tu propio libro. Antes de buscar las salidas a tus problemas en un bar, un prostíbulo, o en la cerveza, hay otros caminos. Necesita filosofar y convertirse en un filósofo de la vida. No cuesta casi nada. Solo sumérjase en su propio yo, en su verdad; al fin y al cabo, todo hombre tiene la verdad en su interior. Eso nadie se lo puede arrebatar. 

Lea la realidad de su propio yo. “Para ser filósofo no basta tener pensamientos sutiles ni siquiera fundar una escuela; basta con amar la sabiduría, de modo que podamos vivir, según sus preceptos, una vida sencilla, independiente, magnánima y confiada”, ha dicho Thoreau.

Viva, elija, grite y posesiónese en el mundo. Dele un sentido a su vida. No deje que se la arrebaten. Todo está en usted, claro que sí. Su presencia en el mundo es mucho más fundamental que en el Paraíso o en el Infierno, de esto tiene que estar totalmente seguro. Acá en la Tierra tendrá que liberar las batallas más decisivas, más fuertes y más dignas a lo largo de su corta existencia. Si muere es polvo y solo le quedará observarnos a todos desde algún lugar no visible, no palpable y abstracto. 

Así que aguante hasta donde pueda seguir respirando, transpirando y palpando el corazón de sus hijos y el suyo propio en señal de que está presente ese instante y esas ganas de no morir, de vivir otro instante eterno. El que sigue y otros más, muchísimos otros. “La vida, a priori, no tiene sentido. Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada; les corresponde a ustedes darle un sentido, y el valor no es otra cosa que este sentido que ustedes eligen”, expuso Sartre en una conferencia sobre el existencialismo.

Nada nos debe atar ni atajar para conquistarnos, para dominarnos nosotros mismos.

Michel de Montaigne definía la vida como “la más brillante pieza maestra del hombre”. Hay salidas, túneles, escapes, vías, opciones, galerías, corredores o lo que usted quiera nominar al hecho y a la decisión de no dejarse vencer por las enfermedades, las locuras, los problemas diarios, los conflictos familiares y amorosos, las deudas impagables, los odios fraternales, el suicidio, y acá van algunas provocaciones hechas a su medida. Atrévase a vivir mejor y más cada día, cada minuto, cada milésima de segundo.

El ser humano se adapta a las condiciones de la naturaleza, a los peligros de la vida. Así lo ha demostrado en los más de 400.000 años de la humanidad y sin duda, lo seguirá haciendo en medio de las guerras, terremotos, pandemias, inventos tecnológicos, robots, viajes a las galaxias o las pretendidas ilusiones de reemplazar el pensar y el hacer humano.

(*) Hernán Cabrera M. es periodista

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