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Una de las discusiones en la economía, se centra si la rigidez laboral o la contratación laboral inicial con plazos indefinidos podrían disminuir el desempleo,  inclusive como un fomento a la estabilidad de las fuentes laborales, y por lo tanto, sería beneficioso para el sostén de las familias.


Así por ejemplo, dada la coyuntura de la realidad boliviana, se está evaluando la posibilidad en establecer contratos iniciales a largo plazo, tanto para trabajadores como para profesionales, sin una evaluación previa de su rendimiento (productividad). Esta situación conllevaría hacia implicaciones de un mercado laboral inflexible o rígido con otras posibles repercusiones posteriores.

Una caracterización general de un mercado laboral inflexible se vincula con  salarios o  nivel de empleos  que no se ajustan al comportamiento de efectos negativos en la actividad económica (Allen, Cassoni y  Labadie, 1994).
Por otra parte, la actual legislación boliviana prohíbe la flexibilización de salarios, en términos de rebajas de salarios, como aspecto regulado (despido indirecto). De la misma manera, la normativa vigente contempla el establecimiento y procedimientos para causales de despido.


Algunas investigaciones, tal  como la de Blanchard  y colaboradores (2014), sugieren  que la  flexibilidad laboral es propicia desde dos perspectivas: la primera a nivel micro, donde las pequeñas y medianas empresas reajustan el trabajo necesario para encaminar su crecimiento sostenido; la segunda a nivel macro, con relación al ajuste que pueda tener la economía para adaptarse a un entorno desfavorable.


Los efectos de la inflexibilidad laboral reflejan implicaciones negativas durante fases de desaceleración o crisis económicas: las empresas se ven obligadas a despedir empleados porque no pueden cubrir costos o porque los trabajadores no son los suficientemente productivos.
La inflexibilidad en el mercado laboral, en muchas ocasiones, conllevan al quiebre de empresas y generación de desempleo por encima de lo habitual.


Asimismo, la rigidez en los plazos de contratación laboral inicial provoca incertidumbre y desconfianza, por parte de las empresas para reclutar nuevo personal y en realidad, la contratación de nuevos puestos de trabajo disminuye.


En otro sentido, existen demostraciones empíricas, en las cuales se evidencia que a  mayor fijación de contratos laborales de largo plazo, sin remuneración por productividad, se incide negativamente sobre el rendimiento de los trabajadores.


De forma contraria, en países avanzados con mayor flexibilidad, la remuneración para sus trabajadores es más elevada porque son altamente productivos: cada minuto y hora tiene su valor, por lo tanto, un método alternativo es la remuneración por hora productiva.


De igual forma, los individuos responden a los incentivos: los trabajadores y empresas tratan de aumentar su beneficio mutuo con la equivalencia de la producción individual.
El gran desafío para las políticas públicas, la sociedad y el ciudadano individual consiste en convertirse y mantenerse como un trabajador productivo: con incentivos para trabajar, un sector privado con perspectivas de beneficios futuros para invertir y el rol gubernamental de generar expectativas favorables para todos los actores. 

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