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Frío hasta los huesos y precios por las nubes: la tormenta perfecta que golpea a las familias bolivianas

Sabado, 05 de julio de 2025 a las 23:57

Por Ruddy Sanguino Docente universitario FCEE – UAGRM


Dicen que “cuando no es la vaca, es el toro”, y eso es justamente lo que estamos viviendo los bolivianos. Nos está lloviendo sobre mojado: un frío que se mete por las rendijas del alma y unos precios que se disparan como cohete sin control. En términos tradicionales, estamos con el agua hasta el cuello.

El Senamhi ya prendió la alarma naranja. Un frente frío ha entrado con todo al país, y las temperaturas han caído como plomo. En algunas regiones el termómetro marca entre 6°C y 12°C por debajo de lo normal. En el municipio de Jesús de Machaca (La Paz), la temperatura se fue al suelo con 15.7 grados bajo cero, marcando el récord del año. La helada no respeta ni el altiplano, ni los valles ni la llanura: La Paz, Cochabamba, Chuquisaca, Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando están con el “seso congelado”.

Y como si fuera poco, la inflación está haciendo de las suyas. No hay bolsillo que aguante. Según los datos oficiales, de enero a junio ya acumulamos una inflación del 15,53%, y la interanual llegó al 23,67%, reventando el cálculo alegre del gobierno que decía que solo íbamos a tener 7.5% este año. Pero esto no ha terminado, lo más duro siempre llega en los últimos meses del año, cuando los precios se disparan aún más. Así que, a apretarse el cinturón, porque el viaje va a estar bravo.

La gente ya no lo comenta, lo sufre. Basta con darse una vuelta por el mercado para ver cómo cambian los precios más rápido que el clima. Las amas de casa estiran la plata como chicle, los abuelitos cuentan los centavos como si fueran oro, y muchas familias ya han dejado de comprar carne, frutas o remedios. “Antes cocinábamos para comer mejor, ahora cocinamos para no pasar hambre”, decía doña Marta, una ama de casa del Plan 3.000. Y esa frase te parte el alma.

Este invierno no solo cala los huesos, también congela el ánimo y la dignidad. Las familias humildes (las que siempre ponen el hombro) hoy se están quedando sin aire. El salario no alcanza, el ahorro es un lujo y la paciencia se agota. Lo más triste es que no hay un plan claro ni medidas firmes. Solo se ve parche tras parche, discurso tras discurso, mientras la olla sigue vacía y los niños duermen con frío.

Pero cuidado, porque cuando el hambre y el frío se juntan, también se enfría la paciencia del pueblo. Y ahí ni discurso bonito ni propaganda alcanza. La gente ya no quiere que le cuenten cuentos, quiere soluciones concretas: hoy, no mañana.

Pero no todo está perdido. En medio del frío, todavía hay calor humano. En los barrios la gente se apoya, se presta, se cuida. En los mercados todavía hay solidaridad. El pueblo boliviano ha resistido cosas peores, y tiene la fuerza para levantarse otra vez.

Lo que no podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados mientras se nos congela la esperanza. Hay que exigir a quienes gobiernan que se pongan a trabajar en serio. Hay que organizarnos, actuar, proponer; recuerden que hay elecciones este mes de agosto y hay que tomar decisiones racionales. Porque si el pueblo no actúa, nadie lo va a sacar del hoyo donde está.

Estamos mal, pero aún no estamos vencidos. Y como dice el dicho, “cuando más oscura es la noche, es porque está por amanecer”. Es ahora o nunca. Es momento de cambiar. Es momento de actuar. Y eso debe empezar.
 

* Ruddy Sanguino, docente universitario FCEE – UAGRM

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