Opinión

Gasto público ineficiente

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1 de noviembre de 2018, 4:00 AM
1 de noviembre de 2018, 4:00 AM

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) acaba de publicar un informe sobre el gasto público en América Latina. Allí, Bolivia aparece en el pelotón de los países con índices más altos de ineficiencia en el uso de fondos estatales.

El estudio destaca que la ineficiencia de Bolivia es de 6,3% de su Producto Interno Bruto (PIB), detrás de Argentina (7,2%) y El Salvador (6,5%), mientras que Chile y Perú tienen mejor calidad de gasto en América Latina.

El organismo aclara, sin embargo, que no hizo una auditoría específica sobre el caso boliviano y remarca que el país ha incrementado sensiblemente sus inversiones en obras públicas producto de mayores ingresos por la renta petrolera y un destacado crecimiento de la economía en el último decenio, lo que incrementa los márgenes de ineficiencia que el país pueda tener en el uso de esos recursos estratégicos.

Aún así, la falta de eficiencia en el gasto público ha llamado la atención de propios y extraños, mucho más con un Gobierno que ha dado sobradas muestras de avanzar en el uso irracional de recursos para obras innecesarias.

La construcción del nuevo Palacio de Gobierno, una obra faraónica que conllevará unos 35 millones de dólares, es apenas un ejemplo de cómo se utilizan los recursos en la actual gestión.

Inmensos estadios de fútbol en poblaciones con pocos habitantes, el museo de Orinoca con ínfimos visitantes, un aeropuerto internacional en Chapare donde casi no hay pasajeros, poblaciones con terminales de buses o coliseos cerrados para pocas personas, empresas estatales con graves problemas de productividad y un avión presidencial de lujo muestran la falta de austeridad de la actual gestión.

Mientras tanto, se requieren esos recursos públicos para mejorar el deficiente sistema de salud pública, especialmente, para enfermedades complejas que, como el cáncer, matan a miles de bolivianos y bolivianas cada año.

Monseñor Sergio Gualberti ha llamado la atención sobre esta realidad al demandar que se adopten medidas urgentes para que los fondos estatales se destinen prioritariamente para implementar políticas sociales que respondan a las necesidades básicas y reales de la población como la salud, educación y vivienda, en particular de los sectores más pobres.

La alarma se hace más preocupante ahora que el país ha ingresado en una temprana campaña electoral, donde ya se ve al presidente Evo Morales más ocupado en insistir en su ilegal candidatura antes que en la gestión de Gobierno sobre temas acuciantes para todos los bolivianos.

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