Opinión

Gente en situación de calle

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23 de septiembre de 2017, 4:00 AM
23 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Una ciudad marginal convive debajo de los canales de Santa Cruz de la Sierra. Está habitada por ciudadanos que cayeron en la indigencia y viven en las calles. Jóvenes, niños y adultos mayores conforman un ejército de personas que sobrevive en condiciones extremadamente precarias. Obtienen recursos de la limosna que logran en las esquinas y los semáforos de las principales avenidas de la urbe. Están en los márgenes de una sociedad que los ignora, los estigmatiza y los mantiene en la exclusión. La precariedad y el consumo de alcohol y de drogas llevan a algunos de ellos a caer en el delito, lo que ha configurado un problema social ineludible para las autoridades estatales, departamentales y municipales.

El cordón ecológico al final de la avenida Busch y el cuarto anillo de la avenida Piraí son dos de los puntos donde se han instalado estos ‘condominios’ habitados por decenas de marginados. No son los únicos. En diversos canales de la ciudad, los mal llamados ‘topos’ reclaman una salida a su situación de calle. Allí hay un mundo que funciona en los bordes de la extrema pobreza. En la jerga callejera se denomina ‘migraciones’ a los movimientos de gente entre los canales, que hacen recorridos para robar, ‘pedir’, realizar algún trabajo, conseguir algo de comida o dinero para el consumo de bebidas o estupefacientes.

Debido al incremento de denuncias de asaltos de personas en situación de calle en el centro de la ciudad, la Policía ha realizado operativos en El Arenal, la iglesia Jesús Nazareno o la plaza 6 de Agosto, por lo que los marginales migran a lugares donde no haya controles. Aunque no hay estadísticas oficiales, el número de indigentes parece incrementarse gracias al deterioro de la economía y a la falta de programas oficiales más efectivos para la integración de personas que están en la extrema pobreza.

Faltan oportunidades de trabajo para aquellos que no cuentan con los recursos necesarios para sobrevivir. Falta una acción estatal más firme para combatir el tráfico de drogas que lleva a cientos de marginados a la delincuencia.

Niños, jóvenes y ancianos, cualquiera sea su condición social, deben recibir atención de parte del Estado. Que haya niños y ancianos ‘trabajando’ en las calles muestra que estamos fracasando como sociedad. Ojalá se ponga en marcha una acción más concreta de parte de las autoridades locales y regionales para encarar el problema de las personas en situación de calle. 

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