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Gesta libertaria del 16 de julio de 1809

Jueves, 16 de julio de 2026 a las 05:00

El levantamiento popular en La Paz contra el dominio de la Corona española, materializado el 16 de julio de 1809, es considerado por historiadores como el Primer Grito Libertario de América Latina, hito que sentó las bases para las futuras luchas independentistas en la región, bajo el liderazgo de Pedro Domingo Murillo, junto a Gregorio Lanza, Juan Bautista Sagárnaga y Juan Basilio Catacora.

Cabe mencionar que el acto revolucionario suscitado en La Paz fue precedido por otro similar acontecido en Chuquisaca el 25 de mayo del mismo año.

En circunstancias de celebración de la festividad de la Virgen del Carmen, mientras se realizaba la procesión, al caer la tarde, los insurgentes tomaron el Cuartel de Veteranos y se apoderaron de armas y municiones, arrestaron y depusieron al gobernador Tadeo Dávila, al Obispo Remigio de la Santa y Ortega y quemaron los registros de impuestos. Organizaron una Junta de Gobierno de 12 miembros, denominada Junta Tuitiva que asumió el poder el 21 de julio. Vale la pena relievar que, la presidencia y el mando militar recayó precisamente en Pedro Domingo Murillo, materializando un gobierno local criollo autónomo, estableciéndose de esta manera un estilo de lucha para consolidar la ansiada libertad frente al yugo impuesto desde la metrópoli española. Por ello marca un importante antecedente en nuestra historia, el hecho de que, seis días después, el 27 de julio, se emita una vibrante proclama independentista de la región.

“Compatriotas, ha llegado el día de la igualdad, de la libertad” “Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria, hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez …”. El texto completo llamaba a los pueblos vecinos a unirse a la causa independentista, declarando que las colonias americanas debían tomar las riendas de su propio destino y soberanía.

Semejante acontecimiento no podía quedar desapercibido para la corona, permitir su consolidación iba a generar iniciativas similares en el conjunto de los virreinatos instaurados en la región, por consiguiente la reacción no se iba a dejar esperar, es así que el virrey de Perú envió un ejército de 5.000 hombres al mando del Gral. Manuel Goyeneche para sofocar la insurrección, derrotando a los patriotas militarmente, ergo, la Junta Tuitiva va a ser disuelta el 30 de septiembre y los realistas recuperaron la ciudad el 11 de noviembre, circunstancia ante la cual los líderes revolucionarios fueron capturados y ejecutados en la horca. Antes de morir, Pedro Domingo Murillo pronunció la célebre frase: “Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar, Viva la Libertad”.

Más allá del desenlace militar desfavorable que caracterizó al referido levantamiento, se trata de un testimonio vivo del espíritu rebelde de compatriotas paceños, legado que perdura hasta nuestros días. Es más, para la época en que se suscitaron los hechos, este movimiento es visto como el catalizador que, un año después, dará inicio a la Guerra de la Independencia, la misma que culminaría con el nacimiento de Bolivia en 1825.

Los principios enarbolados en la proclamación libertaria tienen absoluta validez en estos tiempos, porque los insoslayables derechos a la vida, a la igualdad, a la libertad, al reconocimiento de la dignidad inherente a la persona humana, en este siglo XXI, tienen absoluta validez, constituyen un imperativo categórico para el Estado hacerlos prevalecer y garantizar su vigencia, ello implica condenar toda actitud tendiente a menospreciar estos derechos. Esta tarea, por un lado, corresponde a toda autoridad pública, pero también al conjunto de la ciudadanía, incluyendo aquellos gremios que, en circunstancias de implementación de medidas de presión ante el gobierno, suelen ejercer cierta soberanía fáctica investida de poder, escenario en el cual se actúa con soberbia, intolerancia, vocación de violencia y, lo que es más grave, violando derechos de sus iguales, es decir del propio pueblo. La última movilización con bloqueo de carreteras, es el testimonio elocuente de cómo se puede ejercer ese poder fáctico, para atentar contra la vida de las personas, la salud, la educación, la dignidad, el derecho a circular libremente, entre otros atropellos, en el marco de una impunidad manifiesta, incluso pactada con el poder político.

Advertirán que los referentes bioéticos enarbolados por nuestros héroes paceños en julio de 1809, hoy cobran plena vigencia, precisamente a eso se refería don Pedro Domingo Murillo cuando expresó antes de ser ejecutado, manifestando que “la tea que dejo encendida, nadie la apagará”.  Mientras subsistan asignaturas pendientes, motivos por qué luchar, observando que la democracia formal aún no consolida las legítimas aspiraciones del conjunto de la ciudadanía, en cuanto a la calidad de vida, igualdad de oportunidades, respeto a los derechos fundamentales de las personas, mientras la libertad en diversas dimensiones continúe siendo restringida para hacer prevalecer intereses políticos, la tea seguirá encendida, no tiene por qué apagarse, así lo entendió el pueblo paceño, motivo por el que La Paz seguirá siendo tumba de tiranos y la que señale la senda correcta por donde Bolivia debe trajinar en aras de su legítima aspiración de desarrollo. 

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