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29 de octubre de 2017, 4:00 AM
29 de octubre de 2017, 4:00 AM

Los recientes escándalos del Banco Unión, Emapa y Entel engrosaron el gigante promontorio de errores, negligencias, descuidos y corrupción de funcionarios de distintos niveles del actual Gobierno.

No es el primer Gobierno envuelto en escándalos de gestión pública. Otros tuvieron sus calvarios, pero este es el que más minimiza, más negligencia muestra y más encubre. El alcalde de Achacachi, con varias denuncias de malos manejos y pésimas obras, no solo se beneficia del silencio oficial, sino que es premiado 
con la conducción del Senado, del Fondo Indígena y con un ministerio.

El caso del Banco Unión muestra varias aristas muy complicadas. Quedó evidente la ausencia de controles internos para detectar de forma oportuna el desvío de grandes sumas de dinero. La reacción del Gobierno fue la desidia y la minimización del escándalo. Mientras, el país rememoraba la desgracia del viejo Banco del Estado, el exministro de Economía y Finanzas Públicas propalaba la insignificancia del daño.

Otro funcionario, de forma irresponsable, denunció que había otros casos similares en siete bancos. Nunca dijo cuándo ni cuáles. ¿Qué buscaba? ¿Provocar una corrida bancaria? ¿Disculparse con delitos ajenos y de otros gobiernos? ¿Minimizar el escándalo del Banco Unión con el pretexto de por qué no nosotros si otros lo hicieron? ¿Eso significaba el ‘ahora es cuando’?

El Gobierno tardó un mes para tomar la decisión del alejamiento de la gerenta general. ¿Cuáles fueron las razones, los entretelones y las negociaciones realizadas? ¿Hubo pugnas de poder por áreas de influencia y de pegas orientadas hacia las candidaturas y elecciones venideras? Si fue así, ¿cuáles grupos de poder actuaron en el lío del Banco Unión? Además, ¿el alcance del lío estuvo reducido al Banco Unión y no existen otras instituciones involucradas? Tiempo al tiempo pero no quedó claro si la gerenta general renunció o la renunciaron. No quedó claro si hay un Gobierno que gobierna o tuvo que resignarse a la tregua de posibles disputas internas de poder.

El máximo portavoz del Gobierno dijo que no fue fácil encontrar un sustituto adecuado. Si tardaron un mes, el resultado debería ser proporcional al tiempo invertido en la búsqueda, es decir, una persona mejor y más capacitada que la anterior gerenta general. Las informaciones presentan un nuevo gerente, con mucha voluntad, pero sin experiencia ni años trabajados en la banca comercial.   

Por tanto, una decisión trabajada en un mes demuestra problemáticas indecisiones del Gobierno central. Aparecen señales de incomprensión de la naturaleza y alcances del escándalo, del plan necesario para mitigar el impacto negativo, de las acciones a tomar para evitar en el futuro problemas similares y, lo peor, otra vez, asoma la ausencia de cuadros técnicos y profesionales de alto nivel y de conocida trayectoria en la gestión pública. 

Cuando un gerente elude preguntas de los periodistas, cuando otro gerente dice que la sustracción de tarjetas de Entel se reduce a meros cartones sin valor, cuando un exministro califica de insignificante el monto sustraído o cuando el presidente del Senado, con la mayor frescura, se pregunta por qué su respuesta al Tribunal Constitucional Plurinacional tiene que ser pública, se comprueba la incomprensión de la naturaleza de la gestión pública. Son funcionarios públicos, pero no están conscientes de serlo.
El MAS paga la factura de llegar al poder sin programa, sin cuadros técnicos y sin haber comprendido el ama suwa, ama qhella y ama llulla. El cucu del MAS es la gestión pública.

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