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Gestionar la escasez requiere de otro software

Gonzalo Chávez 8/11/2020 05:00

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Una de las principales razones, no la única, por las cuales el binomio Arce-Choquehuanca obtuvo una votación significativa es porque ofrecieron el retorno rápido de la estabilidad social y la recuperación del empleo y el crecimiento económico. Hoy se inicia una nueva gestión gubernamental. El cumplimiento de esta agenda de políticas económicas será prioritario, pero depende de varios factores que los analizamos a seguir.

En los próximos meses la economía, como dirían los marxistas, será ‘política concentrada’ y yo adicionaría sicología destilada. Reputación, odio político, credibilidad, concertación, certidumbre, autoritarismo, empatía, venganza, esperanza -alabras, percepciones y actitudes del mundo de la subjetividad colectiva- serán más importantes que los temas económicos meramente técnicos.

La recuperación de la estabilidad macroeconómica o el reinicio del crecimiento del producto requerirán, además de recursos financieros frescos, de un horizonte de estabilidad política y de paz, y de una predisposición sicosocial positiva y resiliente.

¿Será suficiente el control de la Asamblea Plurinacional por parte del MAS, incluida la maniobra poco democrática de haber eliminado los ⅔ para ciertos temas? Creo que no. Sin duda, este es un mal comienzo para un país que necesita construir un soporte de credibilidad y certidumbre para capear el vendaval económico que se avecina. En la Asamblea, está parte del andamiaje de la gobernabilidad.

Pero la ingeniería de la gobernabilidad también pasa por la calle. En el próximo año de gobierno, es altamente probable que aumente la conflictividad social tanto de origen reivindicatoria como política. En el primer caso, diversos grupos, movimientos sociales, corporaciones gremiales y regiones pedirán apoyo económico, para superar la crisis, a un Estado prácticamente quebrado.

En el segundo caso, la efervescencia política aumentará. Ciertos grupos, que piensan que en esta segunda elección también hubo fraude, buscan desportillar la legitimidad del nuevo Gobierno

Es probable que estos movimientos se diluyan con el tiempo y más bien permitan una rearticulación de parte de la oposición rumbo a las elecciones regionales de marzo del próximo año. Pero también estas acciones podrían tomar cuerpo, complicando la clásica luna de miel de los 100 días que tiene un gobierno entrante.

En cualquiera de los casos, por un instinto de sobrevivencia nacional y dada la gravedad de la recesión, sería deseable que el nuevo Gobierno promueva un acuerdo nacional con los actores democráticos, como fue anunciado. Dada la crispación del momento, la tarea parece difícil, pero la experiencia nacional e internacional muestra que, frente a una crisis económica profunda, se requiere de una sociedad unida y cohesionada, tanto para distribuir los costes de los ajustes que se deben realizar, como para distribuir los beneficios de manera adecuada.

Otro factor vital para recuperar la economía y cumplir la agenda prometida es la velocidad con que se acceda a recursos financieros nacionales e internacionales.

La economía boliviana necesita entre 5.000 y 7.000 millones de dólares por año, entre inversión pública y privada. Hay muy poco espacio fiscal para que el Estado asuma este esfuerzo financiero. Se arrastra un fuerte déficit público desde el 2014. Este año, el agujero fiscal superará el 12% del producto. Asimismo, las reservas internacionales vienen reduciéndose desde 2014 y ahora se encuentran en su nivel más bajo, alrededor de 6.000 millones de dólares. Echar mano de estos recursos puede ser complicado para la manutención del tipo de cambio estable, por lo que no es recomendable tocar las reservas.

Por lo tanto, se depende fuertemente de préstamos externos e inversión extranjera directa. Aquí existe un tanque de oxígeno que nos permitiría salir a flote en el corto plazo, pero requerirá de pragmatismo en la relación con los organismos internacionales, en especial con el FMI. Tener recursos de países como China, probablemente, no sea suficiente. En el mediano y largo plazo, se requerirá concertar una reforma tributaria para financiar la recuperación económica.

La recuperación también dependerá de la dirección y la calidad del crecimiento económico. No estamos solamente frente a una crisis de ciclo o una parada recesiva coyuntural. Es decir, que la salida no es tan solo colocar dinero fresco en la economía, y el resorte productivo volverá a expandirse al igual que en el pasado. Es incorrecta la idea de que el modelo primario exportador comercial estaba funcionando muy bien hasta que fue secuestrado, por un año, por el neoliberalismo, y ahora que volverán sus legítimos creadores, también retornará la riqueza y felicidad económica.

En realidad, estamos frente al agotamiento estructural de un patrón de desarrollo basado en recursos naturales. Por lo tanto, es una oportunidad histórica de reinventar la economía boliviana. El desafío es una recuperación que, al mismo tiempo, permita la vuelta del crecimiento y el empleo de calidad, pero también pavimente el futuro. Es decir, se requiere una recuperación verde, digital, inclusiva y de diversificación productiva en base al emprendimiento privado nacional. Tenemos la oportunidad para transitar de una economía basada en los recursos naturales a otra sedimentada en el capital humano.

Sin embargo, el esfuerzo económico y político interno no será suficiente. Se depende fuertemente de lo que vaya a pasar en el contexto externo. Aún es muy incierto si el mundo desarrollado y las economías emergentes volverán a crecer de manera sostenible y si el comercio mundial recuperará su dinamismo. Por supuesto esto, está en gran medida conectado a los rebrotes y controles de la pandemia. Asimismo, dependerá de cuándo y a qué velocidad se inicia la vacunación en el planeta.

En suma, los desafíos económicos del Gobierno que comienza hoy están en la política y sicología social, pero sobre todo en la capacidad de reinvención, porque ni el mundo es igual al periodo prepandemia, ni se cuenta con la abundancia económica del pasado. Gestionar la escasez requiere de otro software que corre mejor en una sociedad reconciliada y unida.