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Gracias, Anabel

Álvaro Puente 29/9/2021 05:00

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Anabel, quiero agradecerte por la aventura que acabas de vivir. Has sacudido nuestra modorra. Gracias porque te encontraste envuelta en el absurdo y en el insulto y les plantaste cara. Gracias porque te arrebataron el respeto y peleaste hasta recuperarlo. Gracias porque convertiste en acto público el atrevimiento que todos debiéramos destapar y destruir. Gracias porque has avanzado contra el viento, que era huracán, y no has parado hasta alcanzar el final del túnel.

Hace unos cientos de años llegaban a África barcos ingleses que secuestraban poblados enteros y los llevaban a vender a los mercados del mundo. Como eran negros, se podían cazar como animales y los vendían como si fueran su propio ganado. Hace cientos de años también que todo aquello terminó. Ahora nos estremece aquella salvaje esclavitud. Pero no todas las esclavitudes. Todavía es normal que cualquier infeliz se crea con derecho a hacerse dueño de una mujer. Nos duelen los diarios feminicidios, pero nadie impide que los hombres se crean con derecho a apoderarse de ellas.

Son millones las mujeres que tienen que tragarse las lágrimas y la impotencia. Son millones las que no pueden descubrir dónde murió su libertad, ni cuándo perdieron su derecho al orgullo. Cualquiera manosea su cuerpo o su gracia y no hay nada ni nadie que las proteja. Nadie las escucha. La podrida justicia las contempla displicente. Policías y autoridades se suman al público que embobado disfruta el espectáculo de mujeres devoradas en el circo.

Anabel, te rebelaste a ese mundo. Sin aspavientos ni gritos, decidiste que te devolvieran el respeto arrebatado. Juegas con ventaja porque tu nombre tiene peso. Pero has usado ese peso para conseguir lo más importante que puedes conquistar. Has usado ese peso con una decisión serena, con terco coraje, con envidiable constancia, para defender con el alma tu dignidad y la de todas las mujeres. Has ganado la batalla por la libertad y ahora puedes ser la mujer que quieres ser. Has decidido ganar la sorda guerra diaria para que te permitan crecer y reír y no te han acobardado ni las anquilosadas estructuras ni los grandes poderes que estaban contra ti. No te han detenido ni los desplantes de unos, ni las vacías sonrisas de otros, ni los insultos de los tontos, que son los más.

Genial que hayan reconocido por fin que eras tú la que tenía la razón desde el primer momento. Genial que te hayan pedido perdón delante de todos. Pero lo mejor de todo es que ahora serán más las mujeres que se sientan importantes. Serán más las mujeres que se harán respetar. Serán cada día más las que descubran que está permitido el orgullo de ser lo que son. Será más el amor y quedará menos espacio para el egoísmo.

Gracias, Anabel porque gracias a ti y a muchas mujeres heroicas que no conocemos, mis nietas, más bellas que las princesas de Katmandú, aprenderán a vivir orgullosas de ser mujeres y no permitirán que ningún vendeambaibas se crea con derecho a ser su amo.

Gracias, Anabel, porque sueñas. Gracias, porque te importa la justicia. Gracias, porque no disfrutas en solitario del éxito, sino lo compartes con las que no pueden pelear. Gracias por tu valor y tu resistencia. Gracias porque la verdad para ti no tiene precio. Gracias porque has sembrado esperanzas.

Álvaro Puente Calvo es Pedagogo


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