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El gran defecto del fútbol (y sugerencias para corregirlo)

Jueves, 25 de junio de 2026 a las 05:00

La afamada revista británica The Economist en su edición del 6 de junio del presente hace extensa referencia al fútbol como un deporte que, a pesar de sus virtudes, muchas veces puede llegar a ser aburrido.

La crítica es que el fútbol tiene incentivos para un juego demasiado conservador, especialmente en un evento como la Copa Mundial, donde se juega el prestigio nacional, por lo que no se quiere arriesgar un estilo de juego ofensivo, con pases laterales en exceso y pocos goles.

The Economist plantea soluciones absurdas al problema con el típico humor británico lleno de sarcasmo que caracteriza a esa nación. Por ejemplo, que un panel de expertos conceda un penal en contra del equipo que se pase de aburrido, que se usen dos pelotas a la vez en vez de una sola, o que por diez minutos personas del público escogidas al azar reemplacen a un jugador en cada equipo sin importar a qué equipo apoyan esas personas.

Sin embargo, también hace dos propuestas un poco menos jaladas de los pelos: una, que se cuente como un gol si la pelota pega al menos tres veces al travesaño o a los postes, y dos, conforme avance el partido el arquero sólo pueda tapar con una mano, luego con ninguna, y en el tiempo añadido sólo podrá tapar con su cara. Estas sugerencias aluden al problema central que confronta el fútbol, al cual nos referiremos más adelante.

Se impone hacer más atractivo al fútbol porque éste está en competencia con otros grandes deportes y no hay nada que garantice su popularidad cuando otros deportes cambian para mejorar su atractivo como fuentes de entretenimiento.

El ejemplo del béisbol en EEUU es aleccionador. El béisbol era atendido masivamente por el público norteamericano en grandes estadios a principios del siglo XX; en ese tiempo era verdaderamente el juego nacional. Sin embargo, dada su relativa lentitud, fue gradualmente perdiendo terreno al así llamado football (nuestro fútbol es denominado soccer), un juego derivado del rugby, un deporte mucho más dinámico y lleno de acción, así sea éste violento. El football norteamericano fue cambiando sus reglas hasta llegar a ser por mucho el deporte más popular en EEUU.

Igualmente, el basketball cambió sus reglas para hacerse más dinámico. Por ejemplo, se instituyó una regla por la cual el equipo en ataque tenía que lanzar la pelota para tratar de anotar máximo en un periodo establecido de 24 segundos, de tal modo de no ralentizar el juego mientras perdía el tiempo por razones tácticas o porque quería maximizar la probabilidad de anotar en un intento de lograr el mejor tiro posible, a costa de aburrir al público. El basketball también se convirtió en un deporte más popular que el béisbol.

Todo lo cual nos trae al gran defecto del fútbol: la defensa es demasiado fuerte y la ofensa demasiado débil.

Ese defecto muchas veces da lugar a partidos monótonos, lentos y aburridos, con pocos o ningún gol. Este defecto se exacerba si es un partido de eliminación, ya que en ese caso el equipo más débil tratará que el partido se decida por penales, evitando que se dirima a través del juego propiamente dicho, con un juego defensivo lleno de trabas, dirigido a destruir en vez de construir, aumentando injustificadamente la probabilidad de que el equipo más débil gane.

El súmmum de este defecto ocurre en partidos finales que tienen que ser definidos por penales si al cabo del tiempo reglamentario y el alargue hay un empate.

Si nos remontamos a la Copa Mundial de 1994 jugada en EEUU, la final entre Italia y Brasil fue definida por penales después de que en tiempo reglamentario y alargue empataran a cero.

Los comentaristas norteamericanos criticaron inmisericordemente, y con toda razón, un deporte en el cual su campeonato cumbre es realizado cada cuatro años, para llegar al cual se deben jugar dos años de partidos clasificatorios en todo el mundo, para luego competir durante todo un mes, jugar una ronda de todos contra todos y luego una ronda de eliminatorias, para que todo ese largo proceso culmine en una gran final, y que después de todo eso el campeonato se decida, no jugando el deporte, no en cancha, sino por penales.

Ganar en una serie de tiros penales tiene muy poco que ver con ganar jugando un partido de fútbol; lo uno no es para nada lo mismo que lo otro. Si se quiere hacer un torneo de tiros penales, muy bien, pero no lo llamen fútbol.

Si se quiere que el fútbol sea más atractivo se debe hacerlo más abierto, dinámico y rápido, dando más oportunidad a que prosperen los ataques de modo que haya más goles, de ese modo logrando que los partidos sean más emocionantes y que nunca se llegue a penales para definir partidos. ¿Cómo lograrlo? Disminuyendo la capacidad defensiva y aumentando la capacidad ofensiva de los equipos.

Para tal fin se proponen los siguientes cambios:

Primero, el arquero sólo podrá usar las manos en el área chica. Todas las demás reglas en el área grande seguirían iguales y éstas también se aplicarían al arquero.

Segundo, se reduce el número de jugadores en cancha por equipo. Menos jugadores significa mayores espacios para que los atacantes puedan liberarse de marcas, dando lugar a que se marquen más goles. Para constatar cuantos jugadores deben constituir un equipo, por ejemplo, nueve, para que se dé el resultado deseado, se realizarían juegos de prueba. Como corolario a esta regla, dado que el mayor trajín resultante de un menor número de jugadores daría lugar a un mayor cansancio, se permitiría un mayor número de cambios y el retorno de jugadores que hubieran sido cambiados.

Por último, en caso de empate en tiempo reglamentario y alargue, en un segundo alargue se retirarían jugadores cada cinco o diez minutos, hasta que se marque el gol de oro, o sea, el gol que termine el partido.

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