Opinión

Grave crisis en Nicaragua

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6 de junio de 2018, 4:00 AM
6 de junio de 2018, 4:00 AM

El país del revolucionario Augusto César Sandino y del gran poeta Rubén Darío enfrenta hoy una profunda crisis política y humanitaria que preocupa a América Latina por sus consecuencias para el pueblo nicaragüense. 

La feroz represión ordenada por el Gobierno del presidente Daniel Ortega contra las protestas sociales desatadas por una impopular reforma previsional ha causado más de 130 muertos y decenas de heridos.

Nicaragua, con 6,3 millones de habitantes, está paralizada mientras el líder sandinista se aferra al poder junto con su esposa y vicepresidenta del país, Rosario Murillo, quien impulsó las principales políticas que hoy han dividido a los ciudadanos de esta nación centroamericana. 
La escandalosa concentración de poder en pocas manos, el autoritarismo y el atropello a las instituciones democráticas son las principales características de la actual situación en el país centroamericano.

Los movimientos opositores reclaman el adelantamiento de las elecciones generales que permitan encauzar la actual debacle política. Por su parte, el Gobierno asegura que los disidentes apuntan a poner en marcha un golpe de Estado que lleve al derrocamiento de Ortega. 
La Iglesia católica ha planteado la apertura de una mesa de diálogo nacional para escuchar a ambas partes y el propio papa Francisco ha solicitado una tregua que frene la actual espiral de violencia y represión.

En el fondo de la crisis nicaragüense está el final de un ciclo político donde el sandinismo ha ingresado en una decadencia política por la falta de respuestas a los grandes problemas sociales que aún afectan a uno los países más pobres de la región.

El país enfrenta una grave crisis económica tras interrumpirse la ayuda de Venezuela, otro país sumido en la confrontación y el descalabro financiero. El Gobierno nicaragüense tiene altos índices de corrupción, endeudamiento y déficit fiscal que han colocado a Ortega contra la pared. A esto se suma que casi el 40% de su población vive por debajo de la línea de la pobreza, una deuda social imperdonable para un Gobierno que se autodenominó socialista y que no cumplió con el legado revolucionario y liberador de su máximo prócer, Sandino.

Duele lo que está pasando en Nicaragua. Ojalá las instancias de diálogo permitan encauzar una crisis que está lejos de resolverse y amenaza con profundizar el retraso social de los nicaragüenses.

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