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En el primer conflicto de la era Luis Arce, a dos meses de iniciada la gestión, el Gobierno demostró ser excesivamente permeable a las demandas sociales y no resistió ni 36 horas antes de ceder a la exigencia de los transportistas de beneficiarse con un periodo de gracia de seis meses para reprogramar o refinanciar créditos con la banca privada.

Un bloqueo de un día bastó para que los transportistas le arranquen al Gobierno una conquista en su relación con la banca privada y el Estado tuvo que tomar decisiones en un contrato privado entre partes.

Habrá que ver si se es plenamente consciente del precedente al que se acaba de ponerle firma, pero todo indica que el conflicto de los transportistas podría inaugurar un nuevo ciclo boliviano de presiones, paros y bloqueos para conseguir causas particulares de los diversos sectores.

Convengamos en que todos los sectores fueron afectados por la pandemia; por tanto, también todos se sentirán ahora con el derecho de bloquear las calles o carreteras hasta lograr que el Estado le dé lo que ellos pidan.

No hizo falta esperar mucho: este mismo viernes la Federación de Comunidades Interculturales y Productores Agropecuarios de Yapacaní decidieron bloquear la ruta al pozo petrolero Yarará X1 y tomaron la planta de Los Pozos, a 85 kilómetros del poblado, para exigir al Gobierno la construcción de una carretera asfaltada.

Pero los denominados interculturales no están dispuestos a conformarse con la carretera asfaltada, también pedirán la instalación de gas domiciliario en sus hogares, la construcción de surtidores y la entrega de regalías petroleras de esos pozos que ellos mismos hoy están bloqueando, además de la certificación de tierras. Todo un ‘pliego’ petitorio que el Gobierno tendrá que resolver, después de venir de la negociación con los transportistas, cuyo resultado ya conocemos.

Conflicto que por cierto no está del todo cerrado. Ya no llama la atención, pero es curioso que en un paro donde los transportistas salieron victoriosos, los choferes están descontentos y por tanto irán a su propio paro de 48 horas los días 19 y 20 porque ellos no aceptan ningún periodo de gracia y exigen un diferimiento por toda la gestión 2021 con condonación de intereses por todo ese nuevo tiempo.

Es decir, nada está definido aún, como no está definida la responsabilidad de las peligrosísimas maniobras de un micro que perseguía a otro a velocidades inaceptables y con pasajeros a bordo, que concluyeron con el pinchado de llantas de uno de ellos.

El incidente no es menor y no ha sido esclarecido aún. Si bien se ha detenido el vehículo, no se ha identificado aun a los responsables, y no solo al conductor, sino a quienes mandaron a hacer la persecución y agresión. ¿Quién los mandó? Casi con seguridad tiene que ser algún dirigente del sector. ¿Quién es ese dirigente? ¿Ya está detenido?

En conclusión, y retomando el tema de origen de este editorial, como advirtió un dirigente político, la postergación del pago de créditos a los bancos es una medida muy popular, pero el riesgo que conlleva es que genera un precedente social y una adicción difícil de cortar. ‘Cualquiera querrá prestarse dinero y luego no pagar capital ni intereses’, advirtió el empresario Samuel Doria Medina, y tiene razón.

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