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21 de diciembre de 2018, 4:00 AM
21 de diciembre de 2018, 4:00 AM

En estos últimos días del año muchas familias planean recorridos fuera del hogar, tan lejos como alcance el bolsillo o tan repetitivos como mande la moda. Algunas veces se eligen destinos externos por un aviso y no se toman en cuenta las muchísimas opciones que brinda Bolivia.

Paradójicamente, en el último lustro viajar acá es más complicado porque los servicios de buses han desmejorado mucho; porque el monopolio de BOA dejó sin competencia a empresas que llegaban a provincias; o porque hay caminos que eran y ahora ya no son ni siquiera de tierra como La Paz-Chulumani con los puentes de-construidos por los militares que no llevan a ninguna parte.

Pese a ello hay muchos sitios hermosos para disfrutar de vacaciones: Toro Toro, entre Potosí y Cochabamba; Villa Abecia, entre Chuquisaca y Tarija; Santiago de Chiquitos hacia la frontera con Brasil; o Riberalta y sus espectaculares ríos. Es importante conocer el Madidi, la gran reserva natural al norte de La Paz, antes que los interculturales logren eliminarlo como parque nacional.

Entre ese abanico, una gran opción es el Bioparque Güembé Mariposario a pocos minutos de Santa Cruz de la Sierra, camino a Porongo, lejos del bullicio urbano y a la vez de fácil acceso y con todas las comodidades de un hotel capitalino.

Desde su inicio, el Güembé mantuvo un concepto que ha guiado su propuesta de servicio a la población, gozar de la naturaleza sin dañarla y sin agotarla. Los comentarios de los visitantes en su página electrónica reproducen un sentimiento generalizado: tanto el centro ecológico como el Resort cumplen sus ofertas y proporcionan un descanso completo.

La propuesta de crear un lugar para observar mariposas (además de otros animales) fue original y, curiosamente, poco imitada. En Los Yungas, con apoyo de la cooperación internacional, fracasó un pequeño emprendimiento porque nunca logró tener una idea fuerza ni ser rentable.

Lo lindo en el Güembé es que reúne muchas opciones juntas: ocio con sus piscinas de diferente dimensión y desafío; deporte con los senderos para caminar desde el alba al anochecer; contemplación con jardines, fuentes y silenciosas arboledas; goce con música, gastronomía local e internacional. Obviamente el centro es el aprendizaje sobre la vida de las mariposas, tan hermosas que en todos los idiomas tienen un nombre elegante: butterfly, Schmertteling, borboleta, farfalla, papillon.

Es un sitio amable que recuerda al Pumakatari, donde todos los que ingresan cambian de sombrero y se convierten en mejores personas, más atentos y menos hostiles. Comparten grupos de diferentes orígenes sociales, étnicos y generacionales.

La otra ventaja de este lugar es que cumple los altos estándares internacionales para no exceder su carga y aunque llega mucha gente no hay muchedumbres. Siempre hay alguna poltrona disponible, las filas para comer en su económico buffet son cortas, hay varios sitios para el refrigerio de urgencia y en una zona pueden bailar los novios sin perturbar a otros que descansan en las cabañas.

Reiteramos, como en otras ocasiones, estos son los grandes esfuerzos de bolivianos que enorgullecen a la patria y que habría que cuidar sin acogotarlos con tantos impuestos o dobles aguinaldos

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