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Hacia la cumbre

22 de diciembre de 2019, 3:00 AM
22 de diciembre de 2019, 3:00 AM

¿Sabe en qué estaba pensando, mi querido contertulio? Me preguntó mi suegra, mientras fumaba un pucho. A veces pienso que fuma hierba, es hippie de los años 60, porque sale con cada idea. Me dijo que admira que las mujeres salgan adelante, pese a las barreras del machísimo insolente y exprimidor.

No sabía de sus inclinaciones feministas, pero me alegré que así fuera. Pensaba que a mí me jeringueaba toda la vida solo por yerno, no por hombre.

Me confesó que realmente era medio hippie en sus tiempos. No negó que quemó sus sostenes para luchar a favor de la liberación sexual y que seguía los pasos de la reivindicación de la mujer.

Con ese fundamento, me preguntó: “¿Cómo luciría yo con tipoy, botas y casco?”. Obviamente pregunté ¿para qué? Y ella me dijo que quería escalar montañas como las cholitas andinistas que son trepadoras de grandes cerros luciendo orgullosas sus polleras multicolores, para demostrar que escalar cerros es cosa de gente con aspiraciones de subir a lo más alto, para ver desde las alturas al mundo conflictuado.

Ella dijo que iba a pensar a entrenar en las colinas del Urubó, aunque ese no es ya un gran esfuerzo sino un privilegio.

Dijo que se informó que las cholitas andinistas no solamente reivindican a la mujer sino también al hombre porque ellas empezaron a escalar montañas junto a sus maridos y si bien ahora escalan en fila india es por estrategia, pero ellas y ellos son un solo equipo.

Con semejante paralelo quedé muy entusiasmado y la apoyé incondicionalmente, porque hoy en día no es cuestión de ser un machote para agredir mujeres con éxito, ni mujer para agredir a hombres y que todo desaparecerá cuando hombres y mujeres escalemos juntos las montañas de cualquier desafío.

No le dio bola a lo que tan eufóricamente dije, pero convino que todo empezó cuando una de las cholitas le dijo a su marido andinista: “¿Dónde estás saliendo a estas horas? No te creo”, se puso ella también las botas y le demostró que no importa el frío ni las latitudes, porque la mujer puede escalar posiciones, pero para eso no requiere apoyo de ningún hombre, pero eso sí, oportunidades de todos.

Lo único que ya cambió el tema del debate es que dijo que también quisiera ser cholita voladora, pero no la de lucha libre, sino de las que le hacen a los chutos, cosa que le recomendé que no lo diga ni en chiste.

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