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La humanidad ha pasado por tres grandes revoluciones industriales en su historia. Estos procesos de transformación llevaron la producción primitiva manual a procesos automatizados que permitieron la internacionalización de las economías, primero impulsada por combustibles fósiles y luego impulsadas por energías renovables. La industria mundial evolucionó desde las maquinas a vapor, a las eléctricas y finalmente se consolida con la introducción de las computadoras en el Siglo XX.

Pero el avance de la tecnología, la ciencia y la innovación, ha llevado a la industria mundial en los últimos 10 años un paso más adelante, a la denominada cuarta revolución industrial, mejor conocida como industria 4.0.

La industria 4.0 se caracteriza por la introducción de la inteligencia artificial en los procesos productivos industriales, la generación y análisis grandes cantidades información de manera constante (Big Data) conectados a través del internet y almacenados en la nube. Este nuevo proceso busca la digitalización de la cadena de valor, mejorando la productividad del proceso productivo a través de la medición y retroalimentación efectiva de los resultados.

La industria 4.0 está generando grandes cambios e incertidumbre en la forma en la que las empresas generan innovación, dando paso a la introducción de la innovación abierta, proceso en el que empresas tecnológicas y empresas grandes (e incluso instituciones públicas) colaboran para solucionar problemas de forma conjunta.

La cuarta revolución industrial es, sin lugar a dudas, un desafío grande para el sistema productivo nacional, ya que implica un cambio no solo tecnológico sino también un cambio en la fuerza laboral. Si bien, Santa Cruz concentra el 26% del talento del país, para entrar en la industria 4.0 se requiere que el mismo tenga las habilidades necesarias para afrontar y absorber el constante cambio tecnológico. Para que este fenómeno pueda darse, se requieren habilidades tanto técnicas como blandas, es decir necesitamos más gente que sea capaz de trabajar con tecnología, manejarla y programarla, pero también se requiere fomentar el desarrollo de la creatividad, el liderazgo y el trabajo en equipo. La clave para este cambio está en la educación, un sistema educativo cruceño mas flexible e instituciones que apoyen a la interconexión de actores y el fomento de la ciencia, tecnología e innovación.

Las universidades e institutos de formación tienen que ser actores claves de esta transformación, fomentando desde el aula el desarrollo del talento y la creatividad de la gente, con programas de formación que actualicen, con mayor periodicidad, la oferta académica, apuntando a un mercado laboral cambiante y tecnológico.

El talento en nuestra región es eminente. Lo vemos en todos los sectores productivos que nos caracterizan. Sin embargo, tenemos que actualizarnos para ser competitivos sin dejar de lado lo importante: generar empleo, producir sosteniblemente y fomentar la calidad de vida de nuestra población para construir una Santa Cruz 4.0.