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30 de agosto de 2023, 7:24 AM
30 de agosto de 2023, 7:24 AM

No es solo una zona amenazada, ni dos ni tres. El medioambiente está acechado en todo el país y de múltiples maneras. Y enfrente hay autoridades insensibles, que no han sido capaces de prevenir el daño al ecosistema, que otorgan licencias de todo tipo y que son responsables de la contaminación de aguas, pérdida de bosques y de animales, entre otros efectos cuyas facturas se verán a corto plazo.

Solo en Santa Cruz hay al menos tres hechos conocidos en la última semana. El más bullado tiene que ver con la carretera Las Cruces-Buena Vista y la intervención en el área protegida Güenda-Urubó. La vía propuesta por el Gobierno nacional pretende partir en dos esta zona de recarga acuífera, dejando un efecto devastador en la provisión de agua al área metropolitana del departamento. Esta realidad se choca de frente con la tozudez del ministro de Obras Públicas y, por ende, de quienes dirigen la Administradora Boliviana de Carreteras.

Por si eso fuera poco, resulta que sobre la misma área protegida hay más de 17.000 lotes que se ofrecen a la venta en 1.000 dólares a empleados públicos de todo el país, como si la provisión de agua para esta y las siguientes generaciones fuera un tema menor. La implantación de urbanizaciones en la zona generaría aguas servidas que contaminarían los acuíferos subterráneos de manera irremediable.

En otra zona del departamento, se autorizó la apertura de un camino partiendo en dos el bosque de los helechos gigantes, una zona que era única y considerada una joya de la naturaleza, ahora devenida en un desastre ambiental. Por supuesto, no solo es responsable quien lo hizo, sino también quien lo autorizó.

Por otra parte, hay varias áreas llamadas protegidas, pero que en realidad están libradas a su suerte, que se han vuelto terreno fértil para plantaciones ilegales de coca y para la instalación de fábricas de cocaína. No son intervenidas y además tienen vigilancia armada.

La explotación de oro es otro de los graves crímenes contra la naturaleza. Hay un uso excesivo y discrecional de mercurio que llena de toxinas los ríos de donde se abastecen de agua varias comunidades indígenas. Pero además hay una invasión de inmensas dragas que alteran el suelo. La consecuencia de todo esto son los deslizamientos periódicos en la zona norte de La Paz. ¿Hay acciones contundentes del Estado para frenar? Muy pocas, la mayoría para las cámaras y sí muchos discursos que esconden la indolencia o la permisividad.

Las represas que proveen de agua a La Paz están rodeadas de aguas negras que pueden generar contaminación y sobre las que no hay una intervención clara de parte de las autoridades.

Cada vez que el presidente o sus ministros salen del país dan ‘ejemplares’ discursos de cómo en Bolivia se cuida la ‘Pachamama’ o Madre Tierra, pero en verdad hay desinterés e indolencia sobre lo que realmente pasa con los recursos naturales. Es una lógica de sacar el máximo rédito hoy, sin que importe el costo para el día de mañana. Una lamentable realidad que pagarán los más jóvenes y los niños.

Ya en este momento hay ciudades golpeadas por sequías periódicas, hay lagunas contaminadas y grandes lagos que se están secando. ¿Le importará al primer mandatario y a sus ministros o a los alcaldes que en cinco o diez años sus hijos y sus nietos tengan que padecer por las temperaturas elevadas, por la falta de agua y por un sinfín de problemas adicionales?

El reclamo debe salir desde la ciudadanía. Quienes tienen la misión de cuidarnos están fracasando en el intento.

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